Sobre la caída de estado parlamentario del proyecto de Ley de áreas marinas protegidas en el Agujero Azul

Imagen satelital del Agujero Azul y barcos pesqueros. Al 6 de enero hay 81 barcos operando dentro de la ZEE argentina, más allá de las 200 millas marinas, más de 300 buques, que vienen de operar en el Pacifico y el Índico

Con el inicio de este año, el proyecto de ley que impulsaba la protección del lecho marino en la plataforma extendida Argentina a través de la creación de un área marina protegida bentónica en el Agujero Azul lamentablemente ha perdido estado parlamentario. Según se establecía en el proyecto de ley, gracias a la ampliación de la plataforma continental del Mar Argentino aprobada por Naciones Unidas, Argentina daba un primer paso para proteger el ecosistema del Agujero Azul, restringiendo una de las técnicas de pesca con mayor impacto como el arrastre de fondo.

El Agujero Azul, una zona de altísima importancia para la biodiversidad, queda nuevamente abierta a la explotación a merced de las potencias pesqueras internacionales.

Fuera de las 200 millas de la zona económica exclusiva argentina, la plataforma continental se extiende en una superficie de unos 30.000 Km2 con profundidades aptas para la pesca de arrastre de fondo, entre otras técnicas. Esta zona, aproximadamente del tamaño de Bélgica, presenta estacionalmente una alta disponibilidad de nutrientes. Por eso, es durante el verano y el otoño la ruta migratoria de especies de alto interés comercial como el calamar y la merluza, entre otras. Además, es uno de los sitios de alimentación favoritos de especies icónicas de nuestro mar, como ballenas, lobos y elefantes marinos. También proporciona sustento a aves marinas como petreles y albatros.

Este corredor biológico fundamental, año a año es explotado sin regulación y control efectivo por flotas de potencias pesqueras internacionales, habilitadas por la falta de una gobernanza en aguas internacionales y la falta de protección de zonas vulnerables de nuestro mar. 

Cada año, más de 500 buques factoría arrasan con la biodiversidad del área. Si el proyecto avanzara y se convirtiera en ley, las flotas internacionales, entre las que se encuentran España, China, Corea del Sur y Taiwán entre otras, no podrían arrasar el fondo marino, como está ocurriendo en este momento y lo seguirá haciendo si la Argentina no ejerce sus derechos y obligaciones de conservación de la naturaleza en su jurisdicción, en este caso la plataforma continental extendida

La temporada de pesca de calamar no ha iniciado aún dentro de la zona económica exclusiva argentina debido a medidas que se adoptan para la conservación de esa especie, evitando que la captura comercial haga peligrar la reproducción y las poblaciones de peces y moluscos. 

Mientras hoy, 6 de Enero, hay 81 barcos operando dentro de la ZEE argentina, más allá de las 200 millas marinas, más de 300 buques, que vienen de operar en el Pacifico y el Índico, se encuentran ya en plena tarea sin considerar temporadas ni los tiempos de reproducción de las especies, capturando en promedio unas 20 toneladas diarias. 

Otra oportunidad

En Marzo de este año, en Naciones Unidas se llevará a cabo la última reunión de las negociaciones del Tratado Global de los Océanos. Este Tratado permitiría crear áreas protegidas en aguas internacionales, preparando el camino para crear una red de santuarios oceánicos, libres de actividad industrial humana, abarcando zonas tales como el Agujero Azul que son vitales para la salud del Mar Argentino y de los océanos globales.

El proyecto de ley de AMP bentónica Agujero Azul pretende proteger el lecho y subsuelo marino más allá de las 200 millas y el Tratado Global de los océanos permitiría también proteger la columna de agua del agujero azul, que son aguas internacionales, asegurando así el resguardo de los ecosistemas que lo conforman y de la fauna que lo habita y transita.

Sería una importante y necesaria sinergia que aseguraría la protección de estas aguas, poniendo la protección en el foco de la gobernanza de altamar. Esto es definitivamente necesario de cara a la vulneración que han sufrido los océanos por parte de la humanidad en las últimas décadas.