https://www.cuerpomente.com/medio/2019/12/09/por-que-funciona-el-mindfulness_64eee387_1200x1200.jpg

En 1970 el doctor estadounidense Jon Kabat-Zinn, al ver que sus pacientes no mejoraban con la medicina convencional, se fue acercando al mindfulness y, tras comprobar sus efectos beneficiosos, lo empezó a introducir en los servicios de salud. Desde entonces, esta técnica oriental se ha ido integrando a la medicina occidental. ¿Por qué funciona? La neurociencia ha demostrado que el mindfulness es mucho más que una simple técnica de relajación y que favorece la salud mental desde varios frentes.

Ayuda a despojarnos del ruido mental

Ellen Langer, psicóloga social, fue pionera en advertirnos acerca de los costos físicos y psíquicos que conlleva la aceleración de nuestro ritmo vital que ha venido de la mano de las nuevas tecnologías. El ruido mental continuo en el que estamos inmersos nos impide vislumbrar las posibilidades de nuestra mente y en la práctica supone que nuestro modo de comportarnos esté plagado de momentos de mindlesness, olvido o inconsciencia, concepto opuesto a mindfulness (literalmente, “estado de plenitud de la mente”).

Langer también subraya la importancia del contexto. En un experimento realizado en una clínica geriátrica se encomendó a un grupo de ancianos que cuidaran unas plantas y asumieran la responsabilidad de decisiones que afectaban a su vida cotidiana. Un año más tarde, se mostraban más alegres, activos, despiertos y longevos que el resto.

Así, mindfulness supondría el proceso de estar activo y conscientemente abierto a nuevas experiencias, de poder renunciar a hábitos y actitudes preconcebidas y actuar según estas nuevas observaciones.

Transforma nuestro cerebro

Los grandes avances de las neurociencias avalan las tesis de Langer y demuestran que la capacidad del cerebro para cambiar y transformarse, de generar nuevas neuronas y conexiones neurales en respuesta a la experiencia, se mantiene a lo largo de la vida.

Desde el comienzo, el desarrollo neural del cerebro se construye a partir de los intercambios íntimos entre el bebé y quienes lo cuidan. Cuando los adultos están en sintonía con el niño, cuando le reflejan una imagen precisa de su mundo interior, este puede sentir su propia mente con claridad.

Durante nuestra existencia, mediante las expresiones faciales y el tono de voz, las posturas y los gestos, acabamos resonando mutuamente, dándonos sentido gracias a un “nosotros” que abarca mucho más que nuestras pequeñas identidades.

Nos ayuda a aceptar el malestar

Actualmente, además de subrayarse la importancia del contexto según las premisas de Langer, cada vez más se recalca la importancia de los procesos autocompasivos.

Las emociones desagradables forman parte del repertorio natural de las emociones humanas; sin embargo, muchas veces nos bloqueamos y llegamos a pensar en círculos para evitarlas. Al fin y al cabo, ¿qué pasaría si volviéramos a experimentar de nuevo dicha emoción? Tal vez podríamos entender que su “misión” no es quedarse para siempre y que, del mismo modo que ha llegado, se marchará. Algo tan sencillo de explicar puede ser, no obstante, muy difícil de lograr.

Si una amiga con problemas acudiera a nosotros, lo más probable es que la escucháramos, la invitáramos a sacar cualquier pensamiento negro que tuviera en la cabeza y le ofreciéramos un hombro en el que apoyarse. ¿Cuántas veces estamos dispuestos a hacer lo propio con nosotras mismas?

Gracias a la meditación se intenta aceptar las experiencias, y las reacciones que provocan, como naturales, normales. El esfuerzo por no valorarlas y aceptarlas sin más hace que no las rechacemos: uno se da cuenta de que el malestar, el enfado o la contrariedad no es algo de lo que se tenga que huir, sino que forma parte irrenunciable de la experiencia humana de la vida.

Este principio contradice en gran medida cierto tipo de mensajes que se transmiten socialmente, e incluso desde el ejercicio profesional de la psicología: el malestar es contraproducente, debe reducirse la ansiedad, hay que controlar el estrés, es preciso limitar los pensamientos negativos…

Cuando experimentamos placer, nos agarramos a él porque queremos más. Cuando experimentamos dolor, pretendemos evitarlo. Pero el problema de intentar esquivar el dolor es que es una tarea imposible; aún más, a menudo este se agrava a causa de nuestros esfuerzos por evitarlo.

Se trataría, por tanto, de liberarnos del automatismo de las conductas arraigadas y de las respuestas rutinarias y romper ciclos emocionales reactivos en los que tendemos a quedarnos atrapados. El análisis psicológico budista considera que la desidentificación en relación a nuestros procesos mentales y emocionales es el verdadero antídoto de la angustia.

Es dentro de nosotros donde tenemos que ir a buscar con amabilidad nuestro propio poder curativo, el remedio contra todos los miedos que atenazan, tarde o temprano, a todas las personas.