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Nuestras circunstancias pueden variar en distintos momentos de la vida y puede costar aceptarlas. Decir sí sin juicios ni reproches a lo que la vida nos trae nos permitirá ajustarnos a nuestras nuevas necesidades. Estos 9 consejos te ayudarán.

1. Mirarse sin juicios

La sociedad nos lleva a reflexionar y a juzgar todo lo que hacemos y nos sucede, a etiquetar como bueno o malo. Estos juicios son creencias limitantes que nos llevan a repetir los mismos patrones de conducta. Constituyen un para conectar con la auténtica esencia y con nuestras necesidades.

Identificar los “deberías” que nos imponemos es el primer paso para ampliar la visión de nosotros mismos.

Deshacerse del maniqueísmo bueno/malo permitirá emerger lo que se siente sin peleas internas y hará más fácil dar respuestas adaptadas a cada situación, a decir “sí” sin juicios.

2. Dar voz a la parte dañada

Las heridas que vamos a sufrir en nuestra vida nos llevan a desarrollar mecanismos de defensa para evitar el dolor. En la infancia nos ayudaron a sobrevivir, pero después han perpetuado una forma de funcionar obsoleta y limitante.

Ser capaces de dar voz a esa parte dañada que intentamos mantener oculta, mirarla con amor y sin juicio, como si fuéramos un testigo imparcial, nos ayudará a salir del conflicto.

La meditación es un gran aliado en este proceso, dado que nos ayuda a construir un testigo interno que contempla con compasión la herida, algo fundamental para la sanación.

3. Aceptar el dolor sin negación

Cuando nos ocurre algo inesperado, que no es agradable y que nos frustra, es normal que haya un periodo de negación, de dolor y de enfado. Por tanto, la expresión de todos estos sentimientos es una fase que facilita la aceptación de lo ocurrido.

Siempre y cuando no nos quedemos anclados en el papel de víctimas y obsesionados en el porqué, ya que entonces el dolor natural acabará en sufrimiento alimentado por nuestros pensamientos.

Como última fase, es necesario abrazar la tristeza para la aceptación, pero sin volvernos adictos al sufrimiento. Es necesario aceptar el dolor y ver más allá.

4. Potenciar las aptitudes

Vivimos en una sociedad que nos hace creer que “si quieres, puedes” y que podemos ser lo que queramos ser. Pero de lo que se trata es de aceptar las cualidades que tenemos y desarrollar aquellas que nos hacen únicos, en lugar de empeñarnos en alcanzar con esfuerzo objetivos inalcanzables, lo que es una pérdida de energía y fuente de sufrimiento.

¿Cómo saber aquellas cualidades que te convierten en un ser único? Son aquellas cosas que te resultan más fáciles y naturales.

5. Ir más allá de uno mismo

Tomarse el tiempo de conectar con la naturaleza nos puede ayudar a sentir que formamos parte de algo que va más allá de nosotros mismos.

Nos ayudará a sentir que somos tan solo una pieza de un puzle mayor.

Uno puede sentirse más pleno cuando agradece a sus ancestros el camino que recorrieron y nos ha traído hasta aquí. Y lo que nosotros consigamos facilitará la evolución de la humanidad. Esta manera de ver es contraria al culto del individualismo y más liberadora.

6. Dar las gracias y aprender

La cultura judeocristiana nos hace pensar que se gana el cielo con esfuerzo y sufrimiento. El deber es antes que el placer. Este tipo de planteamiento nos hace percibir la realidad como una lucha constante, lo que nos estresa y agota.

Plantearse la existencia como un aprendizaje y dar las gracias a las experiencias puede abrir una nueva perspectiva sanadora y más lúdica de la vida que nos permite ver nuevas caras de nosotros mismos y simplemente respirar, transitar y vivir el momento.

7. Confiar para poder crecer

Para crecer y desarrollarnos necesitamos confianza en nosotros mismos y en la vida, creer que nos va a traer aquello que necesitamos. Esta confianza puede desarrollarse si renunciamos al control.

Lo cierto es que nunca podemos estar seguros de lo que nos deparará el futuro y solo tenemos un aquí y ahora.

El miedo y la angustia surgen cuando nos alejamos del presente y queremos anticipar el futuro. Ante una dificultad podrías preguntarte: ¿Qué puedo aprender de esto?

8. Renunciar al ego y al placer

El escritor Gavor Maté asegura que tanto Buda como Jesús renunciaron al poder porque ya gozaban de su poder interno y con ello les bastaba. Para “ser”, para decir “que sí” a la vida con mayúsculas, también se trata de renunciar al poder y trascender nuestro ego.

El ego es ese conjunto de mecanismos y defensas que construimos en nuestra infancia para sobrevivir a nuestro entorno familiar y lograr que nos quieran. La gran paradoja es que cuanto menos tú eres, más tú estás siendo.

9. Hay infinitos caminos

Como decía el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Las técnicas y métodos que ayudan a conseguir el amor incondicional por la vida y por uno mismo son distintos y ninguno es mejor que otro porque estamos ante un recorrido sobre todo personal, en el que cada uno ha de encontrar qué es lo que más le ayuda a cultivar –y a trabajar– la apertura de corazón y la aceptación. Las vías para llegar pueden ser tan diversas como las personas.