¿Por qué necesitamos un Tratado Global de los Océanos?

John Hocevar a bordo del barco Arctic Sunrise en el Mar Argentino. Foto: Esteban Medina

John Hocevar es director de la campaña de Océanos de Greenpeace Estados Unidos. Además de tener un máster en Biología Marina es un experto en el manejo de minisubmarinos. En su experiencia está el haber acompañado al actor Javier Bardem en un viaje subacuático en la Antártida. John nos acompañó también a bordo durante la Travesía del Arctic Sunrise y ahora deja esta reflexión para poder compartirla.

Nos quedan menos de dos semanas y parece que puede pasar cualquier cosa, especialmente si la suficiente cantidad de personas hablan y son escuchadas. Cinco millones de nosotros ya hemos pedido un Tratado Global de los Océanos fuerte, por lo que el impulso está de nuestro lado.

Agosto 2022- Proyección en Nueva York pidiendo un Tratado Global de los Océanos

Hace unos días realizamos la proyección de un video en el Puente de Brooklyn en Nueva York pidiendo a los líderes mundiales que adopten un Tratado Global de los Océanos fuerte. Mientras sucedía esto un periodista me preguntó ¿Cómo están los océanos? Una pregunta sencilla, ¿no? Pero cuando mi boca trató de responder con un fragmento de dos frases, mi cerebro zumbaba con todo lo que aprendí en el posgrado, todos los artículos científicos que traté de asimilar, los cambios que he visto desde que comencé a bucear hace 40 años atrás, y todo lo que he presenciado en barcos de Greenpeace y como piloto de submarinos. Mis declaraciones estuvieron correctas, pero ese día a las 5am todavía estaba pensando en lo que realmente hubiera querido decir.

Los primeros científicos, pescadores y pueblos indígenas que exploraron y nos ayudaron a comprender nuestros océanos hoy ya no los reconocerían. Los bosques costeros de manglares y algas marinas y los lechos de pastos marinos han sido diezmados. Los hábitats del fondo marino de nuestras plataformas continentales han sido convertidos en lodo por barcos arrastreros. Las que alguna vez fueron poblaciones masivas de ballenas, tortugas y aves marinas ahora son solo una fracción de su tamaño anterior. Los arrecifes de coral se están muriendo y ya no quedan la mayoría de los peces grandes. Redes alimentarias enteras se han reestructurado y simplificado, con un costo enorme para la resiliencia y la biodiversidad de los océanos.

Monitoreo del volumen de barcos pesqueros en el .Agujero Azul.

En mis 18 años con Greenpeace, he sido parte de muchas batallas. Hemos impedido que las grandes petroleras perforen en el Ártico y el arrecife del Amazonas, y hemos establecido uno de los santuarios más grandes del mundo en el Mar de Ross. Hemos documentado los impactos de los derrames de petróleo, la contaminación plástica, la pesca destructiva, el cambio climático y la acidificación de los océanos. Y hemos expuesto y enfrentado a tantos otros destructores de los océanos: barcos arrastreros del tamaño de transatlánticos, piratas atuneros, traficantes de esclavos, compañías mineras de aguas profundas y flotas diseñadas para aspirar vastos cardúmenes de peces pequeños y krill. A través de todas estas campañas, hemos trabajado codo con codo con una poderosa red de aliados, a través de coaliciones como High Seas Alliance, Deep Sea Conservation Coalition y Break Free From Plastic.

A las corporaciones se les permite hacer casi cualquier cosa que quieran en alta mar, las áreas más allá de la jurisdicción de cualquier país que representan el 43% de la superficie del planeta. Cuando estuvimos en un punto crítico de biodiversidad llamado Agujero Azul a principios de este año, a cientos de millas de la costa argentina, nuestro barco estaba rodeado por más de 200 palangreros, poteros de calamar y arrastreros de fondo, la mayoría de los cuales había viajado miles de millas para tomar ventaja de la falta de regulaciones.

John en un minisubmarino en el Mar Argentino

La única esperanza para alta mar es la colaboración internacional. El Tratado Global de los Océanos que se está negociando aquí en Nueva York puede ser la mejor oportunidad que tenemos en una generación para finalmente cambiar el rumbo y comenzar a permitir que los océanos se recuperen. Si acertamos con este tratado, nos permitirá ampliar los santuarios oceánicos por primera vez y reservar al menos el 30 % de los océanos para 2030.

Al comenzar lo que esperamos sea la última ronda de negociaciones, el equipo está ferozmente determinado, pero también preocupado. No estamos viendo el nivel de urgencia y ambición que se necesita”.