Cada vez que hacemos una búsqueda en un buscador de internet estamos contribuyendo a la emisión de alrededor de 0,2 g de CO2. Quizá te parezca poco, pero cuenta que se calcula que se realizan unos 2,4 millones de búsquedas al minuto en todo el mundo. Así que, si multiplicamos esa pequeña cantidad por las búsquedas que se hacen en todo un año, resulta que solo las búsquedas que hacemos suponen la emisión de ¡250.000 toneladas de CO2 al año!

El muy humano «si no lo veo no lo creo» u «ojos que no ven, corazón que no siente» hace que esos humos que no tenemos a la vista nos pasen por alto y, por tanto, no reparemos en su importancia. Pese a su apariencia inocua, internet y lo digital son uno de los mayores contaminantes del mundo. Así que te propongo un reto: que leyendo este artículo puedas mirar más allá de la pantalla.

La huella digital o cómo tu uso de internet influye en el cambio climático

Podemos determinar el coste medioambiental de cada compra que efectuamos por internet. Sí, la compra online no es nada ecológica, y algunas prácticas relacionadas con la compra online todavía menos.

También podemos cuantificar cuánto contamina cada uno de nuestros clics, las emisiones de C02 de cada email que enviamos, lo que supone en gases de efecto invernadero escuchar música en streaming… Todo esto y más lo encontrarás en este artículo.

Y es que, como todos los inventos de la humanidad, una sana intención inicial puede derivar en problema a causa del abuso y el mal uso. No podemos negar la importancia de la conexión online y más en tiempos tan complicados como los actuales. Pero, como en todo, que una cara positiva no nos haga mirar hacia otro lado y obviar los problemas asociados a ese mal uso.

¿Cuánto contamina internet?

Cuando pensamos en el cambio climático, todos somos muy conscientes de las emisiones de CO2 asociadas al transporte, pero no solemos tener en cuenta que la conexión a internet supone unas emisiones de gases invernadero de más de 1.000 millones de toneladas al año, similares e incluso superiores a las de la aviación. Y es que internet es el tercer contaminante solo por detrás de la industria petrolero y la de la moda.

En una época en que la gran mayoría somos conscientes del impacto que tiene nuestra dieta, uso del coche o calefacción, quizá no nos hayamos preguntado por las emisiones indirectas de cada mensaje, vídeo o compra online que realizamos.

Para llevar una vida sana en armonía con el planeta debemos conocer esos costes inesperados que tienen nuestras actividades diarias como, en este caso, la aparentemente inocente conexión a internet.

«Para llevar una vida sana en armonía con el planeta debemos conocer esos costes inesperados que tienen nuestras actividades diarias.»

¿Cómo es posible que el correo electrónico, el whatsapp, las redes sociales o la música en streaming contaminen tanto como volar en avión? Es sencillo, toda la ingente información contenida en la nube y distribuida por las redes del ciberespacio, al final acaba contenida en un soporte material.

El consumo eléctrico de la red: 5 veces el de toda España en un año

Los inmensos servidores donde se almacenan los datos requieren de extraordinarias cantidades de energía para permanecer en marcha a una temperatura óptima las 24h del día, los 7 días de la semana, y los 365 días al año.

Aunque hay una enorme opacidad en el consumo energético global de internet, diversos estudios han cuantificado su consumo en un 7% del total de electricidad consumida en el mundo: como multiplicar por 5 la demanda eléctrica de un país como España cada año.

Otro dato que nos puede hacer pensar: ¿sabías que Youtube es la empresa con el mayor consumo eléctrico del mundo? El consumo de vídeos en streaming representa el gran grueso del flujo de datos de internet y la categoría con un crecimiento más acusado.

«Los servidores donde se almacena la información requiere extraordinarias cantidades de energía.»

Hablamos de almacenar información en la «nube», una palabra que evoca por tanto una inmaterialidad irreal. Esos enormes dispositivos que son los servidores de internet, equivalentes a unos 10.000 millones de discos duros de gran capacidad, son los responsables de un consumo desorbitado de electricidad muy real, con unas emisiones de CO2 asociadas insostenibles.

Con el crecimiento exponencial en el tráfico de datos de internet, esos servidores se están convirtiendo en un problema planetario de primer orden.

Un mundo no tan virtual: el coste en materiales

Hablamos de energía, pero ¿y los soportes materiales? Internet y lo digital representan un ideal mundo etéreo en el que por fin nos desligamos de la generación de residuos del mundo analógico. Sin embargo, la realidad es mucho más prosaica.

¿Realmente lo digital ha desmaterializado nuestras necesidades? Aquí van algunas cifras de los soportes materiales que acarrea el uso de internet en todo el mundo:

  • Más de 9.000 millones de aparatos electrónicos.
  • 2.000 millones de teléfonos móviles inteligentes.
  • 1.000 millones de ordenadores.
  • 7.000 millones de dispositivos con acceso a internet.
  • 45 millones de servidores.
  • Unos 8.000 millones de equipos de red como routers u otros aparatos de conexión.

No es poco… Pero, además, ¿qué impacto ambiental estamos generando con ese ecosistema digital aparentemente desmaterializado?

Al abandonar soportes convencionales como el papel de los libros o el plástico de los discos, dejamos de utilizar esos recursos concretos, pero los soportes electrónicos para reproducir su equivalente digital precisan de minerales raros y escasos de elevada toxicidad y baja reciclabilidad.

«No todo en internet es virtual: también usamos una gran cantidad de soportes para la información, a menudo tóxicos y difíciles de reciclar.»

Para colmo, muchos se encuentran en regiones del planeta con alta conflictividad política, social y pobreza.

Todo este cóctel explosivo debería cuando menos hacernos reflexionar sobre la banalización de lo digital en una sociedad sostenible.

La compra online, muy poco sostenible

Comprar desde casa sea vía tablet, móvil u ordenador puede ser muy cómodo. Sin embargo, al margen de consideraciones éticas y económicas de la política de precios de gigantes como Amazon, hay una realidad indiscutible que es un impacto ambiental muy superior a la compra tradicional debido, en términos generales, a la ineficiencia del transporte y al sobreembalaje de los productos.

Esta realidad puede quedar ocultada detrás de percepciones más cercanas a lo visible como pensar que la compra online, al evitar trayectos de coche hacia un centro comercial, es más eficiente y sostenible. Y en algunos casos puede ser así, pero las cifras globales hablan de una realidad muy diferente. Desgraciadamente solo 2 de cada 10 personas son conscientes del daño ambiental extra que supone la compra online y se han replanteado sus patrones de compra, según el estudio reciente de Asedas. ¿Y por qué esa ineficiencia del e-commerce respecto a la tienda física?

«Se cree que al comprar por internet se evitan contaminantes trayectos en coche, pero las cifras de lo que esas compras suponen en transporte a nivel global son muy diferentes.»

Por un lado, los proveedores no centralizados. Aunque compremos en una única plataforma, los proveedores pueden ser distintos, lo que aumenta la ineficiencia en las rutas y emisiones del transporte.

Por otro lado, el comercio convencional distribuye mercancías en rutas optimizadas hasta los puntos de venta, pero en la versión online, con la llegada del paquete individual a casa, se despilfarran recursos en el transporte de última milla.

Esto no solo supone un desastre ambiental, también contribuye a una mayor congestión urbana, con los perjuicios en salud y calidad de vida que conlleva.

Hay, además, algunas prácticas relacionadas con la compra por internet que resultan especialmente insostenibles y, a medida que nos familiarizamos con esta forma de consumo, resultan cada vez más frecuentes:

  • Entregas fallidas. Estas son otro multiplicador de emisiones. Cada segundo o tercer intento en la entrega supone incrementar los kilómetros y el tráfico urbano.
  • Devoluciones. Según estudios del sector, al menos un 30% de las compras online acaban siendo devueltas, por lo que, al final, todo lo anterior no sirvió para nada y aún generamos otro trayecto añadido.
  • Entregas rápidas. Este concepto, tan amablemente centrado en la satisfacción del usuario, significa un trayecto innecesario de avión o mover un camión vacío.
  • Prendas que se destruyen. Como extremo de insostenibilidad, se ha descubierto que las devoluciones realizadas en cadenas de fast fashion, normalmente conllevan la destrucción de la prenda. Resulta más «rentable» desecharlas que limpiarlas o readecuarlas para volverlas a vender. Puede parecer exagerado, pero desgraciadamente es la realidad detrás de las prendas a costes artificialmente reducidos.

«Una entrega rápida en la compra online significa un trayecto innecesario de avión o mover un camión vacío.»

Un uso digital responsable

Según los últimos estudios el 5G reducirá al menos un 15% las emisiones asociadas a la conexión gracias a su mayor velocidad y bajo tiempo de respuesta. Esto es positivo, pero no una solución si no va acompañado de un uso racional de las tecnologías que limite la internetización desaforada de todo nuestro entorno.

A la vez, el traslado de las granjas de servidores a zonas polares es una estrategia clave para reducir drásticamente su consumo energético. Una buena parte de la refrigeración se dará de manera natural, lo que hará caer su demanda eléctrica y emisiones asociadas. Un respiro para todos al disminuir la huella ecológica indirecta de cada uno de nosotros.

Como decíamos al principio de este artículo, no podemos negar la importancia y las ventajas de utilizar internet. No solo por los avances que ha supuesto el intercambio de información a la velocidad de la luz, que ha agilizado las redes de conocimiento hasta un ritmo jamás conocido e indudablemente ha dado lugar a avances trascendentes.

En los tiempos actuales hemos visto cómo el distanciamiento social se ha hecho más llevadero gracias a las videollamadas, el teletrabajo se ha convertido en una realidad o la misma compra online ha dado más autonomía a personas con movilidad reducida o de edad avanzada.

Sin embargo, lo positivo no debe hacernos mirar hacia otro lado. Hacer un uso más racional y moderado de internet siempre es posible. Aquí tienes algunos datos más que te ayudarán a tomar conciencia de cómo impacta tu uso de internet en el planeta.

En el proceso de racionalización del intercambio digital, podemos comenzar con algo tan sencillo como comprender tu huella digital, es decir el impacto que tiene tu uso de internet y que podemos reducir incluso al impacto de cada clic. Hemos visto que cada vez que preguntamos al buscador se están emitiendo alrededor de 0,2 g de CO2, pero podemos ir más allá.

La huella de carbono de cada email

Hagamos el mismo ejercicio con un correo electrónico. El volumen de intercambio online es ahora 15 veces superior al que suponía el correo convencional antes de internet. También es cierto que enviar un email necesita un 2% de energía de lo que implicaba el costoso sistema de distribución postal tradicional. Pero, pongámosle cifras.

  • Cada día se envían en el mundo 260.000 millones de emails. Un 60% no se abren nunca, es decir, no ha servido de nada enviarlos.
  • Un muy elevado porcentaje de los que sí se abren y se leen, contienen en su cuerpo un escueto «gracias», «recibido» y otras expresiones de cortesía.
  • Como ya sabemos, cada acción que realizamos conectados a la red implica poner en marcha la maquinaria de servidores, refrigeración, etc., con el consumo energético invisible que conlleva, por lo que cada correo tiene un impacto sobre el medio que oscila entre 1 g de CO2 para textos breves y 50 g de CO2 para un correo con adjuntos de 20 Mb.
  • Contando que la gran mayoría de mails se limitan a incluir texto, hablamos de unos 20 millones de toneladas de CO2 al año, lo que sin ir más lejos equivale a la producción de casi la mitad de todos los plásticos de los envases consumidos en Europa en el mismo periodo de tiempo.

Escuchar música en streaming

Según escuchemos música en vinilo, CD o streaming cambia nuestro impacto ambiental.

  • En vinilo: Si atendemos al estudio realizado por Matt Brennan y Kyle Devine en la Universidad de Glasgow, en 1977 se vendieron 344 millones de vinilos, lo que supuso unas 60.000 toneladas de plástico y 150.000 toneladas de CO2.
  • En CD: Luego, al llegar el CD en los 2000, la cantidad de plástico y emisiones se mantuvo similar, ya que la carcasa de los discos también era de plástico. Aunque el formato fuera más pequeño, tenía componentes adicionales.
  • Música online: Hoy, con el auge de plataformas como Spotify, las cifras cambian: el uso de plásticos indirectos se reduce a solo 8.000 toneladas, mientras que las emisiones de efecto invernadero, ¡atención! Suben a las 350.000 toneladas: más del doble ¡y sin darnos cuenta!