¿Qué hace felices a las abejas? Las formas de los aromas, el dulzor de los néctares, la luz prismática del Sol. En los huertos de almendros o en lugares donde las prácticas de monocultivo se imponen a la naturaleza, perdemos el mundo natural y padecemos añoranza». Si las abejas pudieran hablar, se expresarían con estas palabras. Así lo cree Jacqueline Freeman, cofundadora del Preservation Beekeeping Council y autora de El canto de las abejas. Y este fragmento de su libro nos señala uno de los culpables del declive de los insectos polinizadores al que estamos asistiendo: el abuso de la agricultura intensiva, que impone sus monocultivos con pesticidas.

Las abejas están en peligro y con ellas, nosotros

Las abejas son el ser vivo más importante de la Tierra. Esta es la conclusión a la que llegó recientemente la prestigiosa organización científica Earthwatch Institute, pero al mismo tiempo recordaba que estos insectos tan beneficiosos para la naturaleza ya han entrado en peligro de extinción. Examinemos las cifras que se barajan sobre este exterminio: algunas regiones del mundo han perdido incluso el 90% de sus poblaciones.

En Estados Unidos, en un solo invierno, los apicultores han contabilizado hasta un 40% de disminución de la abeja melífera. En Europa, el 37% de las poblaciones de abejas está en declive, el 50% en algunos países. Y, más allá de la abeja melífera, una de cada diez especies de abejas y mariposas está en peligro de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Se ha conseguido la prohibición de algunos plaguicidas

Las campañas denunciando la muerte masiva de abejas ha dado sus frutos… pero solo en parte. La buena noticia es que la ciudadanía se ha sentido interpelada. La presión y la denuncia han servido para que la Unión Europea prohibiera en 2018 el uso al aire libre de imidacloprid, clotianidina y tiametoxam, conocidos como neonicotinoides, unos insecticidas muy peligrosos para las abejas y que contaminan también el suelo y el agua.

Esa medida es positiva pero claramente insuficiente, ya que el uso de pesticidas en la agricultura intensiva es abusivo, y España –con 300 autorizados– es el país europeo que más los utiliza. «Existen muchos otros insecticidas empleados en agricultura y en jardinería cuyas dosis deberían ser más controladas», explica Laura Moreno, del Programa de Especies Amenazadas de WWF.

Más amenazas para las abejas

Si antes explicábamos la buena noticia, ahora vamos con la mala: los plaguicidas no son los únicos causantes de la muerte de las abejas: «Hay muchas otras amenazas que afectan a los polinizadores: el cambio de usos del suelo debido a la intensificación agrícola y la expansión urbana es uno de los principales motores de la pérdida de polinizadores, especialmente cuando se degradan o desaparecen las áreas naturales, que incluyen zonas de refugio, anidación y alimentación para las especies», añade Laura Moreno.

La lista de enemigos de abejas e insectos polinizadores parece no tener fin: la progresiva urbanización del suelo, también la extensión de la agricultura de los monocultivos, la continua deforestación, la pérdida de biodiversidad y con ello el descenso de flores, la degradación de sus hábitats naturales, enfermedades por parásitos y ataques de especies invasoras (como el avispón de patas amarillas) suman una montaña de retos que tienen a este pequeño insecto (y otros muchos) contra las cuerdas.

Añadamos a este cóctel explosivo el cambio climático. Las temperaturas crecientes y extremas alteran el ritmo de floración de las plantas que las alimentan. Así que no logran la comida necesaria y se debilitan. La disminución de agua también reduce el polen y el néctar. Y las inundaciones acaban con la vida de las especies que anidan en el suelo.

¿Se puede vivir en un mundo sin abejas?

Un reciente estudio de los investigadores Francisco Sánchez-Bayo y Kris A.G. Wyckhuys (Universidad de Sidney) pone cifras dramáticas sobre la mesa: en las próximas décadas, el 40% de las especies de insectos del mundo (terrestres y acuáticos) podrían extinguirse y los peor parados serían los polinizadores, como los lepidópteros (mariposas y polillas) y los himenópteros (donde están incluidas las abejas).

¿Y qué mundo nos quedaría? «La gran mayoría de las plantas con flores son polinizadas por insectos u otros animales. Se ha estimado que la proporción de especies de plantas silvestres polinizadas por animales va desde un 78% de media en zonas templadas a un 94% en zonas tropicales», explica Laura Moreno.

Además del agua y el viento, los animales polinizadores son fundamentales para mantener el mundo natural tal y como lo conocemos: «Son un grupo muy diverso, incluyendo más de 20.000 especies de abejas, muchos otros tipos de insectos (moscas, mariposas diurnas y nocturnas, avispas, escarabajos…) e incluso vertebrados como algunas aves y murciélagos. La mayoría de los polinizadores son silvestres».

Si examinamos el cultivo de alimentos en Europa encontramos 84 alimentos de cada 100 dependen de la polinización de las abejas y otros insectos. Sin ellas, diríamos adiós a manzanas, calabacines o tomates, por ejemplo. En la agricultura, si ponemos precio a algo que tiene un valor incalculable, estaríamos hablando de más de 500 mil millones de euros al año.

Aún estamos a tiempo de salvar a las abejas

A finales de 2019 los diputados del Parlamento Europeo pidieron medidas más específicas para proteger a los polinizadores silvestres. La primera, una reducción drástica de plaguicidas.

La ONG ambientalista WWF señala el incremento de la diversidad y heterogeneidad de hábitats dentro de un paisaje agrícola, con la inclusión de manchas de vegetación, bosquetes, vegetación entre las lindes de los cultivos, zonas de refugio con muretes o montículos de piedra, etc, porque ha demostrado que pueden mitigar la pérdida de polinizadores.

En general, hay que restaurar los entornos naturales, aumentar la disponibilidad de flores, proteger la nidificación y oviposición, y fomentar la agricultura ecológica frente al monocultivo.

Tú también puedes ayudar a las abejas

En el libro El canto de las abejas, Jacqueline Freeman da estos consejos prácticos para protegerlas.

  • Si tienes balcón, patio o jardín: «Procurarles un suministro de agua. Mis abrevaderos favoritos son los bebederos para pájaros, pero para las abejas conviene modificarlos. Hay que amontonar piedras, grava, musgo y trozos de madera en el agua para que las abejas puedan caminar seguras hasta la orilla sin caerse. Es cuestión de colocar el bebedero en la sombra para que el sol no evapore el agua».
  • Plantas de sus colores favoritos. «Puedes plantar plantas melíferas aptas para las abejas. Se sienten más atraídas por unos colores que por otros. Atendiendo a sus prioridades, las abejas prefieren el púrpura, el violeta, el azul, el verde azulado, el amarillo y el blanco. Les cuesta mucho ver el rojo (les parece negro), aunque sí ven el anaranjado.
  • Planta flores muy juntas. «Como les gusta pecorear en áreas donde haya muchas flores, sobre todo si estas se parecen, conviene agrupar las plantas en un espacio reducido, que no queden desperdigadas».
  • Planta flores de pétalos simples. «Las abejas no quieren perder el tiempo averiguando dónde está el polen de una flor de pétalos múltiples. En las flores de pétalos simples, como el cosmos o el girasol, el polen es más fácil de encontrar que en los complicados crisantemos o las rosas de pétalos apretados».
  • Procura que haya floraciones en todas las estaciones. «Dondequiera que estés, asegúrate de que tu jardín tenga algo en flor en todas las estaciones en que las abejas están ahí, y planta algo más en las temporadas más flojas».
  • No utilices venenos. «Si tus vecinos están usando veneno, recorrerán toda la zona, y tarde o temprano encontrarán el producto tóxico. Para que las abejas puedan sobrevivir, hemos de concienciar a los vecinos sobre las ventajas de la jardinería y la horticultura ecológicas».