Cómo seguir luego de la cumbre climática de Glasgow: Proteger nuestros ecosistemas

Por Hernán Giardini, Coordinador de la Campaña de Bosques de Greenpeace Argentina.

A pocos días de finalizada una nueva cumbre climática, quedan las promesas y lo más importante: las tareas pendientes. A nivel mundial, dos medidas son claves e impostergables: detener la deforestación y abandonar los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) lo antes posible.

Más de 100 países, incluyendo Argentina, firmaron durante la cumbre un acuerdo para frenar la deforestación para 2030. Se trata de un compromiso que, además de ser declarativo y no vinculante jurídicamente, no resulta suficiente para enfrentar la grave crisis climática y de biodiversidad en la que estamos, ya que permitirá casi una década más de deforestación, la cual podría incluso aumentar en forma especulativa.

En Argentina por ejemplo, durante 2007, mientras se discutía la sanción de la Ley Nacional de Bosques, la deforestación se triplicó. Sólo ese año, según datos oficiales, se perdieron más de 728.000 hectáreas de bosques. Cabe recordar que durante las últimas tres décadas, en Argentina se arrasaron cerca de 8 millones de hectáreas de bosques, lo que puso al país en el top ten de la deforestación mundial. La principal razón: el avance de la frontera agropecuaria hacia el norte (principalmente soja y ganadería).

En nuestro país más del 80 por ciento de la deforestación se produce en las provincias de Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa, en la región del Gran Chaco, el segundo ecosistema forestal de Sudamérica, después del Amazonas. Se trata de una de las áreas más ricas en biodiversidad del planeta, que ayuda a mitigar el cambio climático al tiempo que alberga una vegetación y vida silvestre única: 3.400 especies de plantas, 500 especies de aves, 150 mamíferos, 120 reptiles y 100 anfibios.

Es importante considerar que la combinación de deforestación, más ganadería y agricultura son responsables de casi el 40 por ciento por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero del país. Por otra parte, los bosques son claves para poder adaptarnos a la crisis climática. Un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria estima que una hectárea con bosque chaqueño puede absorber, en una hora, cerca de 300 mm de precipitaciones; mientras que una con pasturas para ganadería, unos 100 mm; y una con soja, tan sólo 30 mm. Es claro que más deforestación significan más inundaciones. Pero también implica más pérdida de biodiversidad y de especies en peligro de extinción como el yaguareté; más desalojos de indígenas y campesinos; más pérdida de maderas, alimentos y medicinas; y más enfermedades.

Actualmente la mitad de la deforestación que se produce en Argentina es ilegal. Resulta evidente que las multas no alcanzan para frenar a las topadoras y al fuego. Es hora de que la destrucción de bosques, por desmontes o incendios, sea considerada como lo que es: un crimen. Para eso, es fundamental que el importante anuncio del Presidente, de penalizar al desmonte ilegal, sea acompañado con la presentación de un proyecto de Ley en el Congreso Nacional. Y el país debe adoptar una meta de Deforestación Cero a corto plazo.

Otro tema impostergable es la sanción de una ley que proteja a los humedales, constantemente amenazados por los poderes agropecuarios, inmobiliarios y mineros.

En lo referido a la política energética, es clave que Argentina frene el avance de la frontera petrolera. Los enormes subsidios al sector y los planes de desarrollar la industria offshore en el Mar Argentino van a contramano de esto. La zona marítima a explotar se solapa con áreas de altísima importancia para la biodiversidad como el Frente del Talud, un lugar de alimentación predilecto de especies como el pingüino de Magallanes o mamíferos como la ballena franca austral.

Y también podría repercutir en las comunidades costeras, que dependen del turismo y la pesca, impactando negativamente en la fauna icónica que lleva a miles de personas cada año a visitar estas ciudades, y amenazando la reproducción de especies comerciales. En suma, más que prometer, hay que actuar y proteger a nuestros valiosos ecosistemas.