#BlackFriday ¿Tiene algo que ver el hiperconsumismo con la violencia ejercida sobre las mujeres?

Black Friday, rebajas, Blue Monday, San Valentín, Navidad… La respuesta es sí, tienen algo que ver.  Y como en Greenpeace rechazamos todo tipo de violencia y trabajamos día a día por un mundo verde y en paz, este 25 de noviembre nos sumamos al “Día de la eliminación de la violencia contra la mujer” resaltando los impactos y efectos que tienen las industrias en la realidad de las mujeres.

En ocasiones, hay relación directa entre el consumo y la violencia, mientras que otras hablamos de las causas estructurales que se esconden detrás.

En esta nota te contamos algo más sobre esto para seguir sumando argumentos al necesario cambio del modelo de consumo que nos imponen las grandes marcas a uno que tenga en cuenta los límites del planeta y los derechos humanos de todas las personas.

Violencias directas sobre el cuerpo de las mujeres: la explotación laboral

Existen numerosas denuncias e investigaciones que demuestran que las condiciones laborales de quienes sostienen la industria textil violan los derechos humanos. Jornadas de trabajo extenuante, sin apenas descansos o directamente sin ellos, y en ocasiones manipulando tejidos o sustancias tóxicas que tienen efecto directo sobre quienes las manipulan en el proceso de fabricación son las condiciones de trabajo habituales en este sector.

Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), las mujeres representan alrededor del 80 por ciento de la mano de obra del sector de la confección y sus puestos de trabajo están predominantemente situados en el nivel inferior de los sistemas de producción textil. Esto significa, según el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), que tienen mayores riesgos de lesiones laborales y exposición a productos químicos peligrosos. 

Una investigación de la entidad Public Eye de 2020 demostró que las mujeres que confeccionan en los talleres de donde sale la ropa que vende la marca Shein trabajan una media de 11,5 horas diarias y con graves carencias en seguridad. 

Violencias socioeconómicas

Wang Jinlan, una pescadora de Yanglingang, China, fue diagnosticada con cáncer de mama en 2005 Falleció en abril de 2010, cuatro meses después de que se tomara esta foto. En febrero de 2013, el gobierno chino reconoció por primera vez la existencia de “aldeas del cáncer” vinculadas a la contaminación por productos químicos peligrosos..

Este estudio de la organización Changing Markets de 2017 muestra cómo la industria de la viscosa está relacionada con el aumento de cánceres y malformaciones congénitas debido a la contaminación de acuíferos y tierras de cultivo. Esta misma investigación constata que marcas como Zara y H&M se abastecen de esta viscosa contaminante.

Las sustancias tóxicas de algunos tejidos no solo afectan de forma directa a quienes los manipulan sino que contaminan el entorno generando situaciones críticas (contaminación de agua y alimentos, enfermedad, precariedad) que en todo el mundo siguen sosteniendo las mujeres.

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No solo en la fabricación, también en la distribución de productos pueden verse este tipo de violencias. Una investigación del The New York Times de 2021 realizada en centros logísticos de Amazon en EEUU mostró los altos niveles de rotación del personal, los despidos por errores informáticos sin más, la cultura del miedo instalada y la desigualdad racial.

Violencias culturales

El consumismo es el motor del sistema económico. Si no consumes, y sobre todo si no consumes de la manera en que debes consumir, no existes para el sistema. Si no consumes, quedas fuera. Si te quedas fuera, en las reglas del juego actuales, perderás la capacidad de sostener tu vida y la de tu familia o tu red cercana. 

Para que esto funcione de forma eficaz ocurren al menos dos cosas. Por un lado, la homogeneización cultural: todo lo que consumimos sigue un patrón y ese patrón es el que se genera en Occidente. Patrón que además no está exento de representaciones patriarcales y estereotipos sexistas.

La violencia estética en la industria de la moda también está presente haciendo creer a las mujeres que tienen que mantener una belleza normativa socialmente; incentivando así la baja autoestima y no pertenencia dentro lo establecido como “aceptable”

Por otro lado, el mundo se divide en zonas productoras y zonas consumidoras, centros y periferias. Quienes forman parte de las primeras, producen pero no consumen, están por tanto fuera del sistema y sus vidas parece que valiesen menos. Es por eso que pueden violentarse sus cuerpos (especialmente los de las mujeres) y sus entornos sin que apenas pase nada. 

Como parte de estos procesos, la investigación acerca de Shein de 2020 constata que la mayoría de personas trabajadoras -mujeres- de los talleres proceden del medio rural que emigran a la ciudad, abandonando sus entornos y culturas tradicionales. 

 ¿Soluciones?

En un mercado totalmente copado por las grandes marcas y las grandes distribuidoras cada vez tenemos menos margen para consumir de otra manera y no caer en las redes de sus estrategias de greenwashing. La culpabilidad se apodera de nosotras y nosotros y es difícil ver alternativas.

Te animamos en primer lugar a hacer la reflexión acerca de las necesidades reales que tenemos antes de comprar

¿Quién, cómo y dónde se fabrica la ropa de muchas grandes marcas? 

¿Qué hay detrás de la industria textil? 

¿Cuáles son las condiciones de las trabajadoras?

¿Cuáles son los estereotipos de publicidad? (por ejemplo la relación entre electrodomésticos y la mujer)

Después te invitamos a probar algunas de estas propuestas. Reduciendo nuestro consumo a lo que realmente necesitamos, reparando siempre que sea posible, intercambiando las cosas que ya no nos gustan por otras que sí, comprando de segunda mano o comprando local estaremos reduciendo nuestra huella de carbono y, de paso, ahorrando dinero y haciendo amigas. 

La violencia contra la mujer y la relación con el medioambiente

Con mayor frecuencia vemos mujeres ignoradas, minimizadas, silenciadas o aún más; extorsionadas, encarceladas e inclusive asesinadas. Para la mujer, la decisión de proteger la naturaleza y su salud es una forma de manifestarse en contra de la violencia que sufre diariamente.

Según la UICN en su publicación Vínculos entre la violencia de género y el medioambiente se menciona que “el 59% de los encuestados indicó haber observado violencia de género (de violencia sexual, física o psicológica, trata de personas, acoso sexual, coerción sexual, y hasta violaciones en algunos casos, matrimonios infantiles y más) en todo un abanico de cuestiones relacionadas con mujeres defensoras de los derechos humanos ambientales (MDDHA), migrantes y refugiados ambientales”.

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Las mujeres y niñas son las más afectadas en contextos de pérdida de la biodiversidad, inseguridad alimentaria, pobreza, desplazamientos y la pérdida de conocimientos tradicionales y culturales

La violencia contra la mujer sigue siendo un obstáculo para alcanzar igualdad, desarrollo, paz, al igual que el respeto de los derechos humanos de mujeres y niñas. Lo que es más, la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de no dejar que nadie se quede atrás, no podrá cumplirse sin primero poner fin a la violencia contra mujeres y niñas.

En Greenpeace buscamos un futuro donde la justicia social y ambiental se encuentren alineadas con el cumplimiento de los derechos de la mujer y la igualdad de género