La Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa (SESMI) ha lanzado una alerta: no atender los problemas psicoemocionales del COVID-19 ahora aumentará la probabilidad de sufrir enfermedades en el futuro.

«El confinamiento, la angustia por las informaciones que recibimos y el temor ante la enfermedad, pueden suponer una exigencia muy alta para nuestros recursos emocionales. Si no atendemos ahora estos aspectos, podría repercutir negativamente en nuestra salud», nos explica Dra. Alejandra Menassa, presidenta del SESMI.

–¿Podemos hacer algo a título individual para evitar que nuestra salud se resienta cuando todo esto termine?
En parte sí. Sabemos que las emociones son el resultado de los pensamientos. Una visión catastrófica de la realidad y la anticipación de desgracias conllevan emociones negativas: miedo, ansiedad, angustia, tristeza… Y no olvidemos que eso puede aumentar la incidencia de enfermedades futuras.

Por lo tanto, atender al componente psicológico de esta crisis para poder transformar nuestra actitud frente a los hechos nos ayudará a revertir esa predisposición a la enfermedad, potenciando nuestro estado de bienestar y salud. En definitiva, si nos tomamos esta situación con serenidad, paciencia y tolerancia nuestra salud lo agradecerá.

–¿Qué actitud puede protegernos en el futuro?
La evidencia científica nos muestra que una actitud proactiva y resiliente frente a los acontecimientos adversos reduce las hormonas relacionadas con el estrés.

Nuestra forma de reaccionar a la adversidad puede impactar en nuestra salud más que muchos medicamentos. Además de intentar mantener la calma y la tranquilidad, es necesario aprender a gestionar la incertidumbre.

–No parece una tarea fácil…
–Ciertamente tenemos ante nosotros un futuro incierto. Este desconocimiento nos provoca ansiedad, y seguramente no nos deja vivir bien el presente. Pero hay que ser conscientes que lo que ocurra en el futuro está fuera de nuestro control. Debemos confiar en nuestra capacidad para resolver la situación y adaptarnos.

No existe una vacuna psíquica: imaginar catástrofes no nos va a ayudar a estar más preparados cuando acontezcan y además, nos estropea poder disfrutar del presente.

–¿Por dónde debemos empezar para disfrutar ese presente?
–Buscando un momento diario para nosotros mismos. A pesar del mayor tiempo del que disponemos durante el confinamiento, no siempre nos dedicamos el tiempo a nosotros mismos.

La reunión del núcleo familiar dentro del domicilio puede llevar a una falta de intimidad, y sobre todo a las mujeres, a volcarse en los cuidados a los miembros de la familia. Es necesario encontrar un momento para hacer lo que uno desee, en lugar de intentar realizar el deseo del resto de los miembros de la familia.

–¿Cómo podemos aprovechar la desescalada gradual a nuestro favor?
Podemos recuperar aficiones que nos satisfacen y aprovechar los horarios para salir y hacer deporte, actividad física o simplemente pasear…

Pero lo importante en cada momento es identificar los problemas y emociones que puedan surgir y explorar las soluciones posibles, priorizando siempre la más factible.

–A veces nos está resultando imposible controlar esas emociones…
No debemos caer en los autoreproches. Es importante dejarse sentir sin juzgar, respirar, entender que todos estamos tensos porque es una situación de crisis. Entrenar la serenidad y la paciencia.

Sonreír es siempre una buena terapia, también ahora. Es importante saber reírse de uno mismo y de los demás sin ser hostiles. Debemos ser capaces de encontrar cosas que nos hagan sonreír y que nos alejen de la preocupación de la situación actual.

–¿Entonces, es clave también sabernos tratar bien?
Es esencial. Si no nos sentimos bien nosotros, no podremos hacer el bien a los demás. Es necesario que durante estos días de confinamiento en que compartimos espacio con otras personas, trabajemos para conseguir no culpabilizarnos por los sentimientos hostiles, por la falta de ganas de hacer las tareas, por no estar “haciendo algo productivo” si no estamos trabajando.

Ser tolerantes con nosotros mismos nos facilitará la tolerancia hacia los otros.

–¿Podemos encontrar la felicidad en momentos como estos de algún modo?
Sentirnos útiles nos da felicidad y nos hace sentir bien. En estos momentos son muchas las acciones individuales que podemos realizar, o iniciativas comunitarias en las que podemos participar, por ejemplo: la elaboración de mascarillas, llevar comida a vecinos que no pueden salir de casa, cocinar para personas mayores o enfermas, llamarles por teléfono o WhatsApp… Ayudar a otros aumenta la autoestima.