La soledad emocional y el desamparo que viven muchos niños en su infancia conlleva graves consecuencias a largo plazo. En su vida adulta, estas personas siguen arrastrando la misma sensación de abandono y vacío existencial que sufrieron de pequeñas.

A pesar de poder llevar vidas aparentemente plenas y exitosas, nada logra colmar la soledad de su corazón. Para superar esta sensación tan devastadora, estas personas necesitan afrontar su pasado, comprender las causas de su vacío emocional y reencontrar su amor por ellas mismas. Solo ellas pueden iluminar y llenar el vacío de su corazón.

La historia de Sara: aprendiendo a iluminar los rincones oscuros

Sara acudió a terapia para tratar de comprender una sensación abrumadora de soledad que llevaba arrastrando toda su vida. Incluso en las épocas en las que se suponía que tenía que haberse sentido feliz, con un buen trabajo, amigas y una pareja que la quería, la joven había seguido percibiendo en su corazón un “rincón oscuro imposible de iluminar”.

Para tratar de averiguar el origen de este sentimiento, le pedí a Sara que me explicara cómo había sentido, a lo largo de su historia personal, su soledad. También le pedí que intentara recordar desde cuándo albergaba esta sensación.

En terapia, vimos cómo una de las escenas más recurrentes de su infancia fue el pasarse las tardes sola, mirando por la ventana, durante horas.

Intenta dejarte llevar hacia atrás para conectar con el recuerdo más antiguo que te llegue.
Puedo tener cuatro o cinco años. En el salón de mi casa hay una ventana y recuerdo estar de rodillas en una silla, con los codos apoyados en el marco y mi nariz casi pegada al cristal. Así paso las tardes de mi infancia: cuando termino mis deberes, me voy a la ventana.

¿Y qué ve esa niña por esa ventana? ¿Cómo se siente?
La niña siente mucha tristeza. Todo es gris, no hay colores. Incluso cuando levanta la mirada, hasta el cielo es gris. Está muy sola. No tiene nada que hacer y no hay nadie que juegue con ella.

¿Y tu familia? ¿Dónde están tu padre y tu madre?
Mi padre trabaja todo el día y mi madre, que sí está en casa, no me mira, no me hace caso (rompe a llorar). Quiero saber por qué, toda mi vida he querido saber por qué.

«¿Qué he hecho yo para que me trate así? No recuerdo ninguna muestra de cariño por su parte. Y siempre que le pregunto, me mira de pasada, pero no me dice nada.»

¿Cómo es en esa etapa la relación con tu madre?
Yo me esfuerzo para que ella esté contenta. La ayudo en las cosas de casa y saco buenas notas en el colegio, pero nunca es suficiente. Parece como si yo no existiera para ella. Me ignora. Siempre veo su espalda, nunca su cara. Ella va a lo suyo, casi nunca me mira. Parece que siempre está enfadada.

¿Cómo es eso?
Refunfuña siempre y me regaña por todo lo que hago. Además, como somos dos hermanas –Sara es la pequeña–, nos dice que somos un gasto para la familia, que nunca vamos a aportar nada. Somos dos niñas y mis padres tienen una mentalidad muy antigua. Tras nacer mi hermana, querían un varón, pero nunca llegó.

¿Y cómo sientes que este vacío afecta en tu vida?
Desde la adolescencia, me voy con cualquiera que me da un mínimo de cariño, aunque yo sepa que es falso. Me usan, se aprovechan de mí, me dejan… y yo me voy con el siguiente que me ofrece unas migajas de atención. Vivo en una desesperada búsqueda de cariño.

Durante la semana siguiente, Sara visitó la casa de sus padres y tuvo la oportunidad de revisar los álbumes de fotografías antiguas. Por primera vez, gracias a los recuerdos que trabajó en su sesión, las vio desde el punto de vista de la niña y pudo comprender algo mejor cómo se sentía.

Cuéntame, Sara. ¿Qué te llamó la atención de esas fotografías?
Me quedé muy impactada. Me vi a mí misma seria, con la mirada perdida. No encontré ninguna foto en la que saliera sonriendo. La sensación que me transmitían era como de indiferencia, como si me hubiera acostumbrado a estar sola. Incluso la postura del cuerpo era significativa: siempre estaba un poco encorvada hacia delante, como si tuviera un peso en los hombros.

¿A qué crees que se debía esa sensación que tenías de tener un peso en los hombros?
Me da la impresión de que ese peso es el enorme sentimiento de culpa que siempre he tenido. Como siempre me estaban regañando, pensaba que realmente yo era la única culpable de todo lo malo que nos sucedía. Recuerdo que, como podía llegar en cualquier momento, siempre estaba esperando una regañina. Vivía con la eterna sensación de haber hecho algo malo.

¿Y qué hacías para que te regañaran? ¿Te parece que tenían razón?
Es verdad que, a veces, me enfadaba y, de pura rabia, rompía mis juguetes. Pero es que no estaba bien por dentro. Ellos no se preocupaban por lo que me pasaba, solo me regañaban y me castigaban, pero no me preguntaban por qué lo hacía. Es cierto que hubo momentos en los que me portaba mal a propósito, pero estaba muy enfadada. Ellos no tenían derecho a regañarme por todo.

Trata de recordar y conectar con lo que sentías de niña. ¿Por qué estás enfadada?
En el fondo, estoy enfadada porque no me hacen caso. Siempre luchando por agradar y nunca me reconocen nada. Soy yo la que se esfuerza y ellos nunca intentan ponerse en mi lugar. Yo soy siempre la mala, a la que todo el mundo puede regañar. Parece que siempre estoy pidiendo perdón por existir. Hasta me culpo por haber nacido.

¿Por qué te sientes así?
Nosotras somos dos hermanas, yo soy la pequeña. Mis padres querían un niño para tener la parejita, eran así de antiguos. Durante mucho tiempo estuvieron intentándolo, pero mi madre no se quedaba embarazada. Al final, al cabo de siete años de tener a mi hermana, nací yo.
Sé que, en realidad, fui una decepción para mis padres: me lo decían cuando se enfadaban conmigo, y arrastro esa sensación. Nunca fui lo suficientemente buena para ellos, y pienso que nunca lo seré.

No cumplir con las expectativas de los padres es algo terrible para un bebé. Necesitabas su atención y te esforzabas por no decepcionarles, pero todo era inútil porque no dependía de ti. Ellos eran los que se habían creado esas otras expectativas.

Vamos a intentar hacer un salto en el tiempo hasta el presente para analizar ese sentimiento de soledad y de no sentirte atendida que hemos visto en estas sesiones. ¿Reconoces algunas situaciones de tu vida en las que sientas que aún arrastras esta sensación?
Lo veo en muchas situaciones de mi vida diaria. Siento que necesito esforzarme para ganarme el cariño de los demás. Dependo totalmente de ello. Con mis parejas, con mis amigas e, incluso, con mis compañeros de trabajo, siempre intento agradar para que no se enfaden conmigo.

¿Y qué pasa si los demás se enfadan? ¿Cómo te sientes?
Siento la misma soledad, el mismo vacío que he visto en estas últimas sesiones. Me siento igual que la niña abandonada a la que nadie hacía caso excepto para regañarla y para culparla de todo.

Imagina que pudieras volver atrás en el tiempo, pero llevándote todo lo que sabes ahora. Imagina que tienes a tus padres delante de ti y puedes decirles todo lo que quieras.
Respira profundo y deja que salga todo lo que la niña se guardó.
Les digo a mis padres que lo hicieron muy mal. ¿Qué más da tener un niño o una niña? Eso son tonterías, convenciones sociales. Tenían que haberse quitado esas ideas de la cabeza y aceptar que yo era una niña. Tenían que quererme tal y como era. Ya que nací, ya que estaba allí, me tenían que haber tratado bien, con amor. No tenían ningún derecho a tratarme así. Encima, yo era muy sensible y me afectaba todo mucho más que a otros niños. Podían haber dejado de mirarse el ombligo y haberme mirado un poco más a mí.
Ellos se perdieron verme crecer y ver la niña maravillosa que era y que parecía que no existía para ellos.

Y ahora que también estás ahí con la niña… ¿Qué quieres hacer con ella? ¿Hay algo que quieras decirle? ¿Reconoces algunas situaciones de tu vida actual en las que sientas que aún arrastras esta sensación?
Quiero coger a esa niña desamparada y abrazarla.
Necesita todo el calor humano que no tuvo de pequeña.
Le quiero decir que no es culpa suya, que ella no ha hecho nada malo para que la ignoren así. Le quiero decir que los problemas de sus padres y sus taras son cosa de ellos, que ellos son los que tienen que afrontarlos y trabajárselos.

A partir de estas sesiones, Sara comenzó a mirarse y a cuidarse mucho más. Comprendió que sus padres no iban a llenar su vacío, sino que debía ser ella misma la que luchara por su independencia y su equilibrio emocional. Progresivamente, fue liberándose de esa necesidad de agradar a los demás y, cuanto más lo hacía, más a gusto se sentía.

5 claves para iluminar tu corazón

Si en algún momento de tu vida has notado la misma sensación de vacío oscuro y soledad que Sara, estos consejos pueden ayudar a iluminar tu corazón. Puedes cambiar esa sensación de malestar y abandono por un sentimiento de sosiego y equilibrio emocional. Siempre estamos a tiempo de superar los traumas de nuestro pasado.

Aprende a amarte

No busques el amor fuera. Si no tuviste cariño de pequeña, no sigas demandándoselo a los demás. Si no te quieres tú en primer lugar, ninguna relación en tu vida va a ser completamente satisfactoria. Aprende a amarte y a valorarte, conviértete en tu mejor amiga, en tu mejor compañía.

Puedes enfadarte

Tienes derecho a protestar y a enfadarte cuando algo no te gusta. No lo reprimas, exprésalo. Guardar dentro tus emociones te daña. Di lo que sientas sin importarte los demás.

No eres culpable

Recuerda que no tienes la culpa de todo lo que ocurre a tu alrededor. No dejes que los demás te achaquen y te cuelguen sus faltas. Solo eres responsable de lo que te compete a ti directamente.

Deja de dudar de ti

Que tus padres no supieran reconocer a la niña tan especial que tenían delante es su problema. No dejes que su ceguera emocional te siga empujando a dudar siempre de ti misma. Confía en ti, en tu persona, en tus ideas, en tus sentimientos y decisiones.

Mira hacia delante

No puedes cambiar el pasado, pero sí puedes disfrutar tu presente y tu futuro. No merece la pena darle vueltas a lo que no te dieron. Céntrate en lo que tú sí puedes darte hoy.