Los celosos compulsivos padecen un narcisismo destructivo. Eso significa que buscan ser los únicos elegidos de quienes los aman, pero además necesitan destruir a un inventado rival.

Es decir, nos equivocaríamos mucho si creyéramos que en el fondo de los celos patológicos lo que se produce es solamente un fallo en la autoestima de la persona celosa, con su correspondiente compulsión a buscar un reconocimiento narcisista, poniendo a prueba constantemente a la pareja.

Esa sería una de las interpretaciones más comunes –con la que se suelen quedar quienes son sus víctimas–, pero la verdad es que es un cuadro mucho más grave y complejo.

Una adicción destructiva

Una persona celotípica no quiere simplemente atrapar ese objeto de satisfacción que supuestamente tiene otro, sino que lo que ha quedado cristalizado de la escena es el odio, la cólera y las ganas de destruir a quien lo posee.

Es el aspecto destructivo y no el de satisfacción el que prevalece.

Encuentra una satisfacción en un estado de explosión de cólera, como quien tensa, tensa y tensa y la descarga es el placer. Es un ciclo cuya secuencia comienza por la provocación hacia la persona amada que supuestamente es infiel y se acaba con la eliminación agresiva de quien, imaginariamente, estaría gozando, de una u otra manera, de la situación de infidelidad.

Estos cuadros patológicos necesitan psicoterapia que trabaje a fondo para llegar a descubrir la causa de estas adicciones destructivas.

Las formas de expresión, el grado de conciencia y hacia qué se dirigen estos celos patológicos muy a menudo se diferencian en el caso del hombre y en el de la mujer.

Cómo suele actuar el hombre celoso patológico

En el hombre celoso lo más común es que la provocación se dé en forma de preguntas y afirmaciones agresivas hacia su pareja sobre una supuesta infidelidad:

“¿Te gusta el tío de la mesa de al lado, ¿no? ¡Como no paras de mirarlo!” “No me lo niegues porque se te van los ojos detrás de él”. “A mí no me importa… Pero reconoce que te pone”. “Siempre vas provocando, con esa ropa y con esa mirada, que parece que te lo quieras comer”.

Ante este interrogatorio, si a la mujer se le ocurre responder que no, el celoso patológico dirá que lo está engañando. Si, por el contrario, responde que sí, comenzará otra retahíla de preguntas imposibles de contestar y se le acusará de ser una hipócrita y de haber estado mintiendo hasta ese momento.

La trampa ya está hecha y, responda lo que responda, el ciclo solo se cerrará con una explosión agresiva.

El mecanismo que desencadena los celos patológicos en el hombre es bastante inconsciente: no saben la causa de su desconfianza porque están convencidos de que es objetiva. Creen que ella mira o se hace mirar por otro hombre de forma descarada y que el problema lo tiene su compañera.

Su finalidad oculta es la de destruir a su pareja, que supuestamente está liada con aquel al que observa. La escena estalla con la víctima del celoso llorando y él golpeando algo o yéndose del lugar.

Lo más desconcertante de este cuadro celotípico es que, una vez pasada la tormenta, él consigue la calma y arrepintiéndose de su furia, pide perdón y convive un tiempo con cierta normalidad. Se cierra el circuito, pero no tarda en recomenzar de nuevo porque en ningún momento se cuestiona el origen de su conflicto.

Los celos patológicos en la mujer

El el caso de la mujer, la celosía patológica suele ser mucho más sibilina: trata de llegar a conseguir aislar al compañero de cualquier otra persona, sobre todo mujeres o estímulos que no sean ella misma.

Su labor aniquiladora es mucho más soterrada y discreta.

Las estrategias utilizadas son muy conscientes y tienen muy claro que lo que pretenden es hacer una unidad infalible, creando un bunker donde solo quepan, estrictamente, ella y su pareja.

Sus tácticas serán las de, sutil pero insistentemente, ir criticando, señalando y resaltando los defectos y perjuicios que pueden ocasionarle a él o a la familia determinadas relaciones.

Se comenzará por ir aislándolo de lugares donde pueda haber competidoras directas, pero después, progresivamente, se irá extendiendo a los amigos, familiares e incluso a hobbyes que resten tiempo y dedicación a esa pequeña isla de dos.

Lo cierto es que, si bien son conscientes de sus movimientos, no lo son de la razón última del porqué necesitan reducir al otro a su mínima expresión para sentirse satisfechas. Y es que, en realidad, el goce lo encuentran en el control y dominio de quien la acompaña y en la venganza dirigida hacia sus supuestos rivales.

Cómo lidiar con un celoso compulsivo

En la mayoría de los casos, las relaciones amorosas de las personas que padecen celos patológicos acaban en separación o divorcio. Su necesidad de destruir a un inventado rival termina por arruinar a la pareja misma. Hasta que este desenlace ocurre, se suelen repetir unos determinados esquemas. Conocerlos puede ser de ayuda:

  • Los episodios de celos son cada vez más habituales

Nos enfrentamos a una duplicidad: una parte de los celosos puede comportarse de una manera normal, pero cíclicamente y cada vez más a menudo, provocan situaciones de conflicto que ellos conocen muy bien. En ese estado encuentran un goce inconsciente.

Este tipo de goce es adictivo y, como tal, tiene una escala ascendente de creación de tensión. El clímax llega cuando la agresividad alcanza el máximo y se consigue reducir al otro.

  • El reto es no permitir que nos utilicen para su disfrute

Necesitamos mermar o anular esa forma de gozar para reconducirla hacia la vertiente amorosa. Una de las claves será, como se haría con cualquier adicción, no caer en las trampas que el sujeto celoso coloca. Es decir, no prestarnos a ser utilizados como objeto a través del cual conseguirá su dosis de adrenalina.

Debemos cortar por lo sano estas situaciones.

  • Si nos provocan, no mordamos el anzuelo

En el caso del hombre celoso patológico, el arma que más utiliza es el hacer comentarios sobre la vestimenta, el maquillaje, el cómo y dónde se sienta su pareja, sobre qué actitud tiene con otros, su supuesta debilidad psicológica… Con estos comentarios inician la secuencia fatídica. Debemos intentar no quedar atrapados en los contenidos de lo que le dice. No hay que picar el anzuelo. ¿Qué hacemos entonces ante esta situación?

  • Al detectar este patrón, debemos zanjar la situación

Es necesario cortar en seco porque, contestemos lo que contestemos, solo conseguiremos abrir la caja de los truenos que, inconscientemente, él busca. No son diálogos, son monólogos del celoso y sus fantasmas.

  • Tratemos de reforzar todo lo que sea constructivo

Es una buena idea tratar de potenciar los proyectos comunes en los que se remarquen la satisfacción de conseguir los objetivos deseados entre los dos.

Intentaremos contagiar la manera de estar bien a través del disfrute de los otros. La idea central es que se produzca un trasvase del goce patológico al goce de compartir. Poco a poco, con grandes dosis de paciencia, quizá podamos ir reconduciendo la situación.

  • Prestemos atención a las críticas hacia personas cercanas

Si quien se mueve en esta línea de celos patológicos es una mujer, su manejo es más calculado y paulatino, pero en ella también se produce una secuencia.

Suele comenzar con una crítica negativa de alguna persona del contexto de la pareja, que se va acrecentando e insistiendo hasta que, finalmente, la celosa consigue que esta amiga, compañera o familiar deje de formar parte del entorno del compañero.

  • Analicemos si nuestro círculo de confianza se ha visto reducido

Si nuestra hipótesis es correcta, lo que sucederá es que, en la medida en que el goce está en ir aniquilando cualquier tipo de competencia, llegará un momento en que, no solo se perderán todas las amistades y relaciones familiares, sino que, en tanto que su campo de acción es cada vez más reducido, porque se han ido liquidando rivales.

Ya solamente le quedará sus propios hijos o sus aficiones e irá a por ellos.

  • Revirtamos esta actitud desde el principio

Frente a las críticas sobre los otros, argumentemos que se pueden tener relaciones parciales con la gente y que estas pueden ser enriquecedoras, aun con sus defectos. Propongamos actividades y planes en los que prime el compartir, ayudar y sacar satisfacciones con ello.