En estos días de confinamiento debido a la pandemia del coronavirus, vemos cómo las familias extreman las precauciones y prescinden de los abrazos, sobre todo cuando existen sospechas de poder estar infectados, para evitar la propagación del virus. Los casos más dramáticos son los de quienes pierden a sus seres queridos y no pueden ni siquiera sentirse arropados en un funeral con cariño, besos y abrazos. Es en estas ocasiones cuando más nos damos cuenta de lo presentes que están los abrazos en nuestras vidas y de cuánto los necesitamos.

Este gesto de cariño está tan presente en nuestro día a día que muchísimas veces no somos conscientes de ello. Nos acostumbramos a él de tal forma que llega a perder su significado, convirtiéndose en un acto mecanizado y automático.

Sin embargo, en estos tiempos de confinamiento nos damos cuenta de la importancia de tocar, arropar, acompañar, calmar, acoger… abrazar. Cuando alguien nos ofrece un abrazo nos está recomponiendo, nos carga de energía, nos inyecta calor, nos da su cariño, nos alivia, nos consuela.

El abrazo es fundamental. El abrazo tranquiliza, relaja y cura. El abrazo es un regalo.

Dafne Cataluña, directora y fundadora del IEPP, Instituto Europeo de Psicología Positiva, nos explica todo lo que se consigue con los abrazos y por qué nos afecta tanto tener que prescindir de ellos en estos momentos.

¿De verdad nos abrazamos tanto?

El abrazo se utiliza desde el minuto uno de vida porque el sentido del tacto y la necesidad de contacto es uno de los más desarrollados que tienen los bebés y con el que llegamos a este mundo.

En la edad adulta abrazamos y nos abrazan todo el rato: abrazamos para calmar el dolor y el llanto, abrazamos para demostrar amor, abrazamos para reconfortar ante un fracaso o una pérdida, abrazamos para acoger la pena y la tristeza, abrazamos cuando llega una despedida, abrazamos para agradecer y dar la enhorabuena ante un logro conseguido…

Pero el acto de que nos abracen es algo que todos recordamos desde bien pequeñitos. Y es que lo primero, primerísimo que una mamá y un papá hacen con un bebé cuando llega al mundo es precisamente eso, abrazarle.

Según la conocidísima y estudiada Teoría del Apego de John Bowlby, los bebés llegamos al mundo con una programación innata y biológica para crear vínculo con la madre y de esta manera poder sobrevivir y conseguir protección.

  • Se hicieron varios experimentos en los que se observaba a niños huérfanos, privados del apego y del contacto con la figura materna y se comprobó que estos niños sufrían después consecuencias negativas y desagradables que impedían su desarrollo emocional y social de manera satisfactoria.
  • La conclusión a la que llegaron es que es fundamental que los pequeños sientan el cuidado y que sus necesidades de afecto, cariño y apego estén cubiertas.

Beneficios del abrazo

Echamos mucho de menos los abrazos durante estos días porque mejoran nuestra salud física y emocional, según se ha comprobado mediante múltiples investigaciones. Aquí te dejo un listado con seis de los beneficios más importantes del abrazo:

  • El abrazo completa nuestra necesidad de afecto. El afecto es una de las necesidades básicas del ser humano, al igual que lo son las necesidades de alimentación o de descanso, por ejemplo. Y el abrazo es una de las vías por las que el afecto llega a nosotros.
  • El abrazo suma confianza y seguridad. El ser humano llega a este mundo virgen de odio, limpio de egoísmo, pero también inexperto, inseguro, indefenso, frágil y el contacto y los abrazaos nos aportan esa seguridad y confianza tan necesaria para ir desarrollándonos poquito a poco y para el correcto funcionamiento emocional.
  • El abrazo mejora nuestra autoestima y nos anima. ¿Qué pasa cuando tienes un día algo bajo de ánimo y te llega un abrazo inesperado? Pues que tu estado de ánimo y autoestima se eleva, la persona se siente automáticamente algo mejor. Si no te lo crees, empieza a practicarlo.
  • El abrazo genera placer. De la misma manera que al comer chocolate nuestro cerebro segrega hormonas relacionadas con el placer, en concreto dopamina y serotonina, cuando nos abrazan o abrazamos ocurre exactamente lo mismo.
  • El abrazo disminuye el estrés. La hormonas ya citadas ejercen otra función en conjunto, la de reducir los niveles de estrés generando sosiego. Así pues, otro de los beneficios del abrazo es precisamente ese: la disminución del estrés.
  • El abrazo reduce la tensión arterial. Se ha comprobado que las personas que tienen más contacto físico y reciben abrazos de forma habitual, tienen una presión arterial más baja que las que no los reciben regularmente.