La mayoría de las provincias de España han entrado esta semana en la fase 1 de la desescalada de las medidas de confinamiento. Aunque gran parte de la población sigue cumpliendo con las medidas de seguridad, muchas otras hacen caso omiso de estas recomendaciones.

Son los llamados subrespondedores, personas que se saltan unas normas que han sido recomendadas por expertos epidemiólogos de todo el mundo como la forma más eficaz de combatir y frenar la pandemia. En este artículo analizo las causas psicológicas que pueden llevarles a actuar de esta forma tan negacionista y carente de toda conciencia de grupo.

Rasgos psicológicos de los subrespondedores

Frente a una situación de amenaza como la que estamos sufriendo, el miedo empuja a reaccionar a las personas de diferente manera. Unas responden de forma exagerada, acumulando víveres y papel higiénico, mientras que otras se van al polo opuesto, negando la realidad sin querer asumir el peligro existente. Ninguna de las dos constituye una respuesta saludable, pero la de estos últimos, los subrespondedores, resulta más peligrosa puesto que contribuye a la extensión del virus.

Podemos encontrar unos rasgos psicológicos comunes en estas personas, aunque no todas presentan los mismos. La falta de empatía es común en todas ellas pero, además, dependiendo de la persona, desarrollan unos u otros mecanismos psicológicos para evadir la realidad, huir hacia adelante o, quizá, para no afrontar las emociones de miedo, indefensión o incertidumbre que esta pandemia está poniendo encima de la mesa:

  • Adoptar una mirada cortoplacista y egocéntrica

Estas personas, centradas en sus vidas y sus propios egos, no son conscientes de la magnitud de esta pandemia, ni son capaces de visualizar el número de fallecidos, ni de imaginar el sufrimiento los enfermos (y sus familias) o la difícil situación de los hospitales saturados.

Piensan que el virus desaparecerá por arte de magia y que muy pronto volveremos a la normalidad. Sin embargo, según los expertos, la pandemia puede durar varios años y tendremos varios rebrotes del virus, durante los cuales, puede que se vuelva a decretar el confinamiento.

  • No aceptar que exista un problema

En contra de los datos estadísticos de contagio y número de fallecidos, estas personas siguen quitándole importancia al virus. Incluso, hay quien sigue argumentando que los datos son falsos y que la Covid-19 es una simple gripe.

Se pasan todo el día buscando y compartiendo vídeos y datos (de dudable veracidad) para reafirmarse en su negación.

  • Tener una sensación de falsa seguridad

A estas alturas, todos conocemos a alguien que ha enfermado o que ha perdido a algún familiar por coronavirus. A pesar de esto, estas personas están convencidas de que esto les pasa a “otros” y que a ellos no les puede tocar nunca.

Esta es la misma mentalidad cerrada y limitada del fumador que piensa que a él nunca le va a pasar nada por fumar o del imprudente al volante que cree que nunca tendrá un accidente.

  • Ser desconfiados: creer que “nos están engañando”

Suele ser habitual que estas personas defiendan algún tipo de conspiración gubernamental o mundial para lograr algún objetivo oscuro. Se sientes indignadas ante el encierro y se pasan el día elucubrando sobre el origen del virus, su inexistencia o sobre cómo toda la población mundial está siendo engañada. Frente a miles de millones de personas equivocadas, ellos piensan que poseen la única verdad, la suya.

  • Oponerse a la autoridad sistemáticamente

Poseer un gran sentido crítico y cuestionar a la autoridad para no obedecer ciegamente cualquier imposición resulta muy saludable. Sin embargo, oponerse reiteradamente porque sí, por oponerse, a todas las normas que marca el gobierno tampoco es señal de equilibrio mental.

Se niegan a aceptar que lo que nos ha llevado a este confinamiento es un virus (no los gobiernos o la política).

  • Vivir el encierro como una “perdida de libertad” mal entendida

En un artículo anterior, ya comenté como este encierro hace revivir a ciertas personas castigos y represiones sufridas en sus propias infancias. Viven esta situación como un castigo y como una amenaza a sus libertades.

  • Carencia total de empatía

La característica que engloba a muchas de las anteriores y que me hace sentir muy preocupado frente a nuestro futuro como sociedad es la carencia total de empatía que muestran estas personas hacia el resto de la sociedad, en especial, hacia los fallecidos, los enfermos, sus familias, los profesionales de la salud y todas las personas que, a pesar de poner muchas de ellas su medio de vida en peligro, se han confinado para lograr salvar vidas y frenar un virus muy peligroso.

Frente a este tipo de personas que no cumplen con las medidas profilácticas y que siguen contribuyendo a la expansión del virus, lo mejor que podemos hacer es seguir manteniendo las precauciones (distancia social, mascarillas, lavado de manos) y de esta forma, contribuir a salvaguardar nuestra salud y la de los demás.