Al comienzo de la pandemia del coronavirus, leímos y escuchamos una y otra vez que el calor, el sol y la luz ultravioleta deberían contener el virus. Sin embargo, estas esperanzas se han ido diluyendo.

El virólogo Christian Drosten, que dirige la lucha contra el SARS-CoV-2 en Alemania, ha dicho que un virus pandémico no se detiene con la luz ultravioleta y el calor; si acaso, «solo un poco».

Susanne Glasmacher, portavoz del Instituto Robert Koch (IRK), cree que podemos esperar «cierto efecto», pero la falta de inmunidad básica en la población hace esperar que el virus continúe infectando durante meses.

Glasmacher recuerda que la gripe porcina H1N1, que estalló en abril de 2009, causó muchos casos en verano y hasta bien entrado el 2010. Otro ejemplo histórico es la gripe española de 1918 que tuvo una segunda ola peor que la primera hacia finales del verano.

Sin inmunidad, el verano servirá de poco

El jefe de virología de la Escuela de Medicina de Hannover, Thomas Schulz, coincide en esperar solo «un pequeño efecto», que apenas será significativo. En cualquier caso, Schulz recomienda con énfasis: «distancia, distancia, distancia».

Clemens Wendtner, médico jefe de la Clínica de Enfermedades Infecciosas de la Clínica Schwabing de Munich, también espera un ligero descenso en el verano, pero advierte: «no debemos hacernos la ilusión de que las temperaturas más altas harán que el virus desaparezca».

Esta ilusión podría hacernos bajar la guardia, con lo que reduciríamos la distancia social o dejaríamos de utilizar mascarillas.

Mientras no haya vacuna, las infecciones podrían volver a estallar alrededor de octubre, advierte Wendtner. Posiblemente ya no habrá picos y lugares calientes como en la actualidad, pero el virus se extenderá por todos lados. «Continuaremos con el COVID-19 hasta bien entrado el año 2021», añade.

Según Melanie Brinkmann, profesora del Instituto de Genética de la Universidad Técnica de Braunschweig y el virólogo Friedemann Weber de Giessen, «es cierto que la luz solar directa puede eliminar lo virus que se encuentren sobre las superficies», pero es mucho más probable que el nuevo coronavirus se multiplique en una población que en gran medida todavía no es inmune.

Los científicos explican que «la inmunida de rebaño» se alcanza cuando el 70% de una población posee anticuerpos frente al virus. Actualmente se estima, a partir de muestreos, que en las localidades más afectadas, como Nueva York, Madrid o Barcelona, solo posee anticuerpos entre el 7 y el 21% de la población.

El número de infecciones podría aumentar en octubre

Según Brinkmann, el hecho de que se produzca un aumento durante el próximo otoño depende de la cantidad de personas infectadas a fines del verano y principios de otoño, de los test que se realicen, de la posibilidad de hallar una terapia que rompa las cadenas de infección y sobre todo, de nuestro comportamiento.

El virólogo Luis Enjuanes, que está trabajando en la creación de una vacuna desde su puesto como director del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología, cree que podría haber una caída de casos importante durante el verano, pero que no evitará un rebrote en octubre.

Por otra parte, no juegan a favor del efecto veraniego lo que está sucediendo en países como Ecuador o Brasil, donde ahora mismo hay una curva ascendente de casos y muertes. En Río de Janeiro, por ejemplo, la temperatura es de 29 ºC y no les ha quedado otro remedio que ampliar las instalaciones del cementerio.