Si no te acuerdas de nuestro aniversario, te dejo.
Si engordas, te dejo.
Si fumas, te dejo.

Si sigues saliendo de marcha, te dejo.
Si miras a otra persona, te dejo.
Si eres tú, te dejo.

Porque a la gente no le interesa respetar al ser amado.

Profundamente por lo que es.
La gente lo único que quiere es amar una idea.
Y que la persona amada se adapte a esa idea.

El problema es que esa idea viene impuesta normalmente de fuera.
Viene establecida desde un sistema muy concreto.
Un sistema que es un pensamiento único instaurado como normal.
Un sistema heteronormativo y patriarcal que establece que el amor es posesión.

Que la felicidad se alcanza a través de la pareja.
Que querer es demostrar unas cosas muy concretas.
Que las personas son nuestras.

Que los celos son preocupación.
Que la preocupación es amor.
Que el amor es control.
Controlar lo que amamos.
Transformarlo en lo que necesitamos.

Eso no es amor.

Porque cuando tú quieres de verdad.
Cuando tú conoces a otra persona realmente.
Lo único que quieres es que sea ella.
Que sea ella sin ti, también.

Cuando quieres a alguien de verdad lo único que deseas es que sea feliz.
Y solo puedes ser feliz cuando muestras lo que sientes.
Cuando te respetan.
Y cuando sientes que nadie te chantajea.
Te amenaza.
Con dejarte.
Por lo que eres.