Te has preparado un espectacular menú healthy por completo vegetal. Con su lechuga, germinados, cebolla y pimiento, garbanzos y un exquisito paté de anacardos recién hecho. Todo natural y con bastantes ingredientes ecológicos. Te lo comes y al poco empiezas a sentir molestias digestivas y picores… Piensas que algo te ha sentado mal, pero ¿de qué se trata? ¿Cómo es posible?

Diferencias entre intolerancia y alergia

Una mala reacción del cuerpo a alimentos sanos y en buen estado siempre es posible. Esta respuesta puede deberse a una intolerancia o a una alergia.

La diferencia entre una y otra es que la alergia implica una reacción del sistema inmunitario, con aumento de los anticuerpos IgE, que se pueden detectar en análisis de sangre.

Las intolerancias, en cambio, son normalmente debidas a alteraciones en el sistema digestivo, déficits enzimáticos o a una sensibilidad particular a algún componente del alimento. Se pueden superar tratando la alteración digestiva, aunque a veces la única solución es evitar el alimento, como en el caso de la intolerancia a la fructosa o al gluten.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas aparecen antes de que transcurra una hora desde la ingesta del alimento. Cuando aparecen más tarde no suele tratarse de una alergia, sino de una intolerancia.

  • Locales o generales. Las molestias pueden aparecer solo en la boca y la garganta o en el sistema digestivo, pero es más frecuente una reacción general, de intensidad variable, con síntomas en el tracto gastrointestinal y en la piel (picor, ronchas, hinchazón bajo la piel y sensación de calor). Es menos frecuente la afectación del sistema respiratorio.
  • Molestias digestivas. Pueden aparecer súbitamente náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal tras la ingesta. Los mismos síntomas con menor intensidad y que se mantienen en el tiempo no suelen ser debidos a alergia.
  • Dermatitis atópica. Un tercio de los casos puede estar causado por una hipersensibilidad a diversos alimentos y pólenes. El diagnóstico se hace con dieta de eliminación y provocación controlada.
  • Shock anafiláctico. Ocasionalmente pueden aparecer reacciones graves que causen asfixia, compromiso cardiovascular, hipotensión y pérdida de conciencia. Si no se recibe tratamiento inmediato puede resultar mortal. Los primeros síntomas suelen ser picor en la boca, disfonía, hinchazón de labios, lengua, úvula y laringe.
  • Sin pruebas. No está probado que los casos de urticaria crónica, rinitis y rinoconjuntivitis crónica, otitis media serosa, dolor de cabeza vascular, alteraciones en la conducta, artritis y otros síntomas inflamatorios crónicos puedan deberse a alergias alimentarias.

¿Qué alimentos producen alergia o intolerancia?

Acostumbramos a hablar de «alergenos», como si solo determinados agentes ambientales o alimentos pudieran desencadenar alergias. En realidad, cualquier alimento puede provocar una alergia, aunque algunos lo hacen con más frecuencia.

Se estima que las alergias a los alimentos afectan a entre el 1 y el 3% de la población, pero es una afección que va en aumento, pues la incidencia se duplicó entre 2005 y 2015, según los estudios de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica.

A este incremento contribuyen factores tan variados como la higiene, los hábitos alimentarios, sobre todo en la infancia, la contaminación ambiental o el cambio climático, entre otros.

¿Por qué se produce la alergia a vegetales?

Entre los niños, los alimentos de origen animal –el huevo, la leche y los pescados– son los principales causantes. En cambio, entre los adultos, es más frecuente la alergia a vegetales, como frutos secos, frutas frescas, leguminosas y hortalizas.

La alergia no se tiene al alimento entero, sino a proteínas o glicoproteínas hidrosolubles concretas que se encuentran en su composición.

La mayoría de estas proteínas –no todas– son estables al calor, a los ácidos y a las enzimas, por lo que no importa si comemos los alimentos crudos o cocinados, siempre nos van a producir reacción.

Por otra parte, podemos ser alérgicos a una proteína concreta que se halle exclusivamente en un alimento, y entonces solo nos sentará mal ese producto, o podemos responder a una proteína o proteínas similares que se hallen en varios alimentos y en pólenes de plantas, que pueden ser de la misma familia botánica o no.

Legumbres

En nuestro entorno, garbanzos y lentejas son las legumbres más consumidas y las que más casos de alergia producen, con tendencia a aumentar.

El incremento de la incidencia parece relacionarse con el consumo temprano en forma cacahuetes, soja y altramuces «ocultos» en alimentos ultraprocesados, según el informe del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre Alergias Alimentarias. En cambio, el guisante es la legumbre que menos alergia produce.

Trigo y otros cerales

Al mencionar el trigo pensamos inmediatamente en el gluten y en la celiaquía, pero es posible no ser celiaco o sensible al gluten y sufrir una respuesta alérgica a otra de sus proteínas. Es decir, una cosa es la intolerancia y otra la alergia, y el mismo alimento puede ser el protagonista por diferentes motivos.

En nuestro entorno, la alergia al trigo y otros cereales es poco frecuente (solo alcanzan el 2,1% de los casos de alergia a los alimentos). En ocasiones, sobre todo en niños, la alergia al trigo se manifiesta en forma de dermatitis atópica.

Por otra parte, en las harinas que se almacenan en lugares húmedos y calurosos (donde más casos se reportan es en las Islas Canarias) pueden multiplicarse los ácaros, que provocarán reacción en las personas alérgicas a ellos.

Frutas y hortalizas

En el área mediterránea las frutas son la primera causa de alergia a los alimentos, con una proporción del 44,7% de los casos. Más de la mitad son producto de la respuesta a las «proteínas LTP».

Entre las hortalizas, la alergia al tomate es de las más frecuentes y el apio tiene un interés especial porque posee facilidad para producir la peligrosa respuesta anafiláctica. En cambio, es muy rara la alergia a la lechuga.

Frutos secos

Las alergias a frutos secos cursan con síntomas parecidos, que a menudo son intensos e inmediatos y que pueden llegar a ser graves. Se encuentran entre las alergias alimentarias más frecuentes: representan el 28,4% de los casos y afectan en mayor medida a los niños.

La introducción prematura de los frutos secos favorece la alergia, por lo que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda introducirlos a partir de los 3 años de edad.

Las semillas de sésamo y la mostaza se encuentran entre los que provocan reacciones alérgicas más virulentas en Europa. Por eso estos dos alimentos se encuentran en la lista de alergénos de declaración obligatoria en alimentos envasados. Las personas con alergia al sésamo o a la mostaza –muy utilizada en aliños y salsas– deben tener mucho cuidado en restaurantes, panaderías y establecimientos de comida rápida.

¿Qué se puede hacer ante una alergia o una intolerancia alimentaria?

Diagnóstico

  • La prueba más útil en el caso de las alergias a vegetales se denomina prick-prick y consiste en aplicar alimento fresco sobre una punción en la piel.
  • Los test in vitro permiten observar la reacción del suero extraído al contacto con una gran cantidad de muestras. Tres de estas pruebas se denominan RAST, CAP y ELISA.
  • La prueba de provocación sirve para confirmar la alergia: consiste en evitar el alimento y luego observar la reacción a su consumo en un centro sanitario.
  • El recuento en suero de anticuerpos IgE es solo orientativo en adultos.
  • Otras opciones: cuando no se descubre una causa alérgica, pueden hacerse estudios de tolerancia a disacáridos, endoscopia o biopsia intestinal.

Prevención

  • La lactancia materna exclusiva durante un mínimo de 6 meses reduce el riesgo.
  • En la dieta del bebé, se introduce un nuevo alimento cada dos semanas (en ese periodo se toma diariamente y luego dos veces a la semana).
  • Los alimentos locales y de temporada son preferibles a los procesados, modificados, almacenados y transportados desde grandes distancias.
  • Los nutrientes antioxidantes (vitaminas A, C y E, y polifenoles) y omega-3 (en nuces, lino y chía) en dosis abundantes podrían prevenir las alergias, aunque existen estudios contradictorios.
  • Los probióticos (Lactobacillus rhamnosus junto con fructo y galactooligosacáridos) pueden prevenir y tratar la dermatitis atópica.

Tratamiento

  • Evitar completamente el alimento causante –confirmado con prueba de provocación– durante uno o dos años puede resolver la alergia a un tercio de los afectados.
  • El alergólogo puede intentar una desensibilización oral: se administra el alimento en dosis crecientes hasta alcanzar la tolerancia. Esta desensibilización se puede perseguir también con vacunas sublinguales.
  • Una mezcla de plantas de la medicina tradicional china llamada FAHF-2 –una variación de las fórmulas tradicionales Wu Mei Wan y Ling Zhi– ha probado en estudios iniciales su eficacia para bloquear la reacción al cacahuete y a otros alergénos, explican las alergólogas Petruta Cristina y Belén de La Hoz, del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.