El síndrome de las piernas inquietas es un trastorno neurológico caracterizado por la aparición de una sensación molesta en las piernas que obliga a moverlas. Los síntomas surgen durante el reposo nocturno.

Se cree que el origen de esta alteración del sistema nervioso central puede guardar relación con un descenso de la dopamina, un neurotransmisor necesario para la realización y coordinación de los movimientos.

También se ha observado que el déficit de algunos minerales como el hierro –o de su transportador, la ferritina–, el calcio, el magnesio o el potasio, así como un exceso de ácido úrico en la sangre pueden propiciarlo.

Mejora tu alimentación y tus hábitos

Sin embargo, muchas personas que lo padecen no sufren ninguno de estos desequilibrios bioquímicos. Hay también una predisposición genética.

Rosa Guerrero, naturópata, especialista en nutrición, aconseja una dieta equilibrada y la toma de un complemento multivitamínico, además de dejar la cafeína, el alcohol y el tabaco.

Si el síndrome es de origen es nervioso, suele mejorar con la ingesta de precursores de la dopamina (como el aminoácido L-tirosina, dosis: de 500 a 1.500 mg) o con infusiones de pasiflora, valeriana o amapola de California antes de dormir.

El doctor Pablo Saz, médico naturista y profesor en la Universidad de Zaragoza, recomienda tomárselo con calma, no obsesionarse con combatir a toda costa los síntomas, que pueden ser temporales. Si te despiertas, puedes aprovechar para leer o para escuchar músisca.

Estírate y desperézate

Los síntomas pueden ser una llamada de atención del cuerpo para que revisemos nuestro estilo de vida y mejoremos nuestra alimentación (es importante acostarse con la digestión ya hecha).

Muchas veces las sensaciones molestas de las piernas inquietas se pasan realizando movimientos de desperezamiento muscular. Se pueden hacer antes de dormir y al levantarse.

En definitiva, sobre las piernas inquietas u otros movimientos que se producen durante el sueño, como el bruxismo (el rechinar involuntario de los dientes), son más frecuentes de lo que parece y muchas veces son procesos adaptativos, para buscar una mejor postura o para, de alguna manera, tratar de resolver conflictos durante el sueño. A veces son más saludables que los fármacos que se dan para combatirlos.