Stephan Hausner (Munich, 1963) es un naturópata entendido en «constelaciones sistémicas». Hausner viaja por todo el mundo indagando cómo las dinámicas familiares o lo que ocurrió en otras generaciones puede tener un papel en el desarrollo de las enfermedades y en el proceso curativo.

Formado como naturópata, originalmente se interesó por la medicina tradicional china y la antigua medicina griega. Le gustaba cómo ambas tratan de descubrir lo que no va bien en el cuerpo e intentan restablecer el orden poniendo en marcha un estímulo adecuado.

En 1988 abrió una consulta de homeopatía. Cinco años después asistió a una conferencia de Bert Hellinger y conectó en seguida con su idea de que un desorden en el sistema familiar puede crear dificultades en la vida cotidiana
y de que el trabajo de las llamadas constelaciones familiares puede sacarlo a la luz.

Aplicándolo a las enfermedades y los síntomas, Hausner ha centrado su trabajo en abordar el trasfondo familiar de las personas enfermas, de modo que esto ayude a activar sus recursos de autosanación.

Lo cuenta en su libro Aunque me cueste la vida(Ed. Alma Lepik). Hausner nos concedió esta entrevista en la sede del Institut Gestalt.

El sentido de las constelaciones familiares

–Para quien no sabe nada de las constelaciones familiares, ¿podría resumir qué son?
–No es una pregunta fácil. De hecho, yo prefiero el término de constelación sistémica porque, más allá de la familia, en una constelación uno tiene la posibilidad de mostrar un sistema de relaciones.

Las constelaciones sacan a la luz cómo los traumas de nuestros antepasados sobreviven y nos influyen en la vida. Muchos problemas solo pueden ser entendidos cuando son observados en un contexto más amplio que el personal. Con una constelación se tiene la posibilidad de poner en escena aspectos importantes y hacerlos visibles.

En las constelaciones familiares, un cliente elige de entre un grupo de personas reunidas a un representante para sí mismo, a otro para su padre, otro para su madre, otro para sus hermanos, etc., y los dispone en el espacio de la sala relacionados según su imagen interior.Lo extraño y que nadie ha podido explicar es que los representantes empiezan a sentir igual que las personas reales a las que representan. De este modo la constelación saca a la luz contextos de relación sistémica de los que la persona no era consciente.

–Aunque no haya una explicación para lo que ocurre, ¿cómo lo interpreta usted?
–He hecho constelaciones en más de treinta países en cinco continentes y en todas partes se muestran dinámicas similares. Creo que tiene que ver con que en lo profundo todos tenemos las mismas necesidades. Pero el modo en que se transmiten las informaciones en detalle, no lo sé. Y no importa. Porque la constelación es una cosa y la vivencia de la constelación es otra.

Se utiliza la constelación como una herramienta pero se trabaja mucho más con lo que siente la persona respecto a ella.

La constelación no termina ahí propiamente, sino que el trabajo continúa después. La constelación hace patente un contexto momentáneo del sistema y abre la mirada a cosas de las que no se suele ser consciente pero que son esenciales para contestar a la pregunta que cada uno formula.

–¿Siempre hay una pregunta?
–Tal como trabajo yo, sí. El fenómeno esencial de toda constelación es la percepción de los representantes: que sientan lo mismo que las personas reales. Al no estar ligados emocionalmente a ellos, pueden exteriorizarlo con libertad.

Anclarse en la vida

–¿Cómo fue la experiencia de su primera constelación?
–Yo tenía una consulta de homeopatía y al regresar de un curso de Bert Hellinger me llamó un paciente que estaba muy mal. Sentía impulsos de suicidio porque su mujer le había abandonado de un día para otro y se había ido a Grecia con otro hombre y su hijo.

Mi paciente había entrado en una crisis vital que le superaba. Vino a mi consulta y cuando le ofrecí los gránulos de homeopatía me preguntó si creía realmente que eso iba a ayudarle.

Tuve que admitir que no lo creía. Le propuse una constelación familiar como experimento.

Él estaba dispuesto a hacer de todo. Movilizó a unos amigos y esa misma noche nos encontramos en el salón de mi casa. En la constelación salió a la luz que su madre se había suicidado. Yo sabía que había muerto joven, pero no que había dejado a su padre, había vivido unos años en Italia y allí se había suicidado.

–¿Y él, no lo sabía?
–Él, sí. Pero al aflorar esa dinámica se puso de manifiesto que la mujer de mi cliente no se había podido quedar con él debido a que él estaba muy vinculado a su madre y tendía a seguirla. Por eso él no estaba disponible a nivel práctico para su mujer ni para su hijo. Ese era el trasfondo de por qué su mujer le había dejado y así salió a la luz su tendencia al suicidio.

Cuando él lo reconoció y pudo respetar la vida de su madre y, sobre todo, su decisión de dejar la vida, separó su camino de vida del de su madre. De repente pudo comprender a su mujer, entender que se marchara y pudo anclarse de nuevo en la vida.

–¿Cómo podemos detener estos mecanismos por los que vamos reproduciendo tendencias de nuestros padres o antepasados?
–Lo que más nos mueve, por lo general, es el amor primario del hijo hacia los padres. Estamos dispuestos a hacer de todo para estar cerca de nuestros padres. Les seguimos ciegos a su destino y nos sentimos bien así porque nos sentimos vinculados a ellos por amor. Pero es un amor ciego.

Porque el niño en ese amor no ve a sus padres y no ve que los padres no quieren que el niño fracase en los mismos asuntos que ellos.

Una parte importante del trabajo con constelaciones consiste en crear un contacto entre el hijo o el niño y sus padres, y en hacer visible el amor ciego que lleva a destinos trágicos y enfermedades. Porque si el niño reconoce que la madre no pudo hacer otra cosa pero que por supuesto no quería que él la siguiera, está respetando el destino de la madre y puede dejarla marchar y quedarse consigo mismo: ese sería el amor que sabe ver, que lleva hacia la salud.

–¿Lo que nos enferma y lo que nos sana es lo mismo, el amor, pero entendido de diferente manera?
–Así es. El amor ciego nos puede enfermar y el amor que sabe ver, el que está en contacto con quien tenemos enfrente, es el que nos permite abandonar la dinámica y curarnos.

–¿Qué otras cosas nos enferman? ¿O es siempre esta lealtad a los padres?
–Hay muchas cosas. Están el entorno, la alimentación… Nuestro sistema está sometido a muchas exigencias para conseguir el equilibrio. Pero al mismo tiempo detrás de muchas enfermedades actúan contextos familiares, sistémicos, que también tienen su papel.

El anhelo del niño

–¿Las constelaciones son un apoyo para otras medicinas o de por sí ya resultan útiles?
–Siempre veo las enfermedades como un suceso multifactorial, lo que significa que hay un componente físico, emocional y espiritual, y probablemente también un componente familiar. Allá donde el factor sistémico familiar es más fuerte, mayor efecto tiene la constelación. Pero eso no sustituye al cuidado del cuerpo o a una buena alimentación o lo que sea.

–¿Qué limitaciones tienen las constelaciones, por ejemplo con personas que padecen enfermedades mentales?
–El trabajo con constelaciones tiene un gran problema: se puede constelar todo y siempre sale algo. La pregunta decisiva es: ¿Ayuda la constelación? ¿ Lleva a algún sitio? Y a menudo esto no se pregunta lo suficiente. En el caso de enfermedades mentales, no trabajo tanto con el cliente como con sus parientes, porque ellos también pueden constelar el sistema familiar. Y a menudo se muestran los trasfondos.

Pero hay que decir que los efectos mostrados con enfermedades psiquiátricas no parecen ser tan fuertes para el cliente. En cualquier caso, lo que yo vivo una y otra vez cuando trabajo con los parientes es que mejoran las relaciones.

Una nueva comprensión

–¿Podría poner un ejemplo?
–En familias con niños psicóticos de pronto se da una nueva comprensión de lo que el niño carga sobre sí por todo el sistema familiar, de lo que hace por ese sistema. Y eso puede ser de gran ayuda. Porque un destino trágico actúa a menudo como separador del sistema familiar.

Y si se reconoce cómo eso está metido dentro de contextos más graves, es decir en los destinos de los padres e incluso los abuelos, entonces aumenta la comprensión de unos a otros. Aunque no tenga tanto efecto para el enfermo, es un instrumento curativo para las familias.

–¿Qué es lo que más le conmueve de lo que ve en las constelaciones?
–Lo que más, y ya lo formuló Bert Hellinger, es que aquello que nos mueve en lo profundo es el amor. Y esto lo reconocemos cuando miramos a los ojos de otra persona. Entonces no somos capaces de decir nada malo de ella. Y lo que me conmueve es cuando se reconoce durante la constelación que todo lo que hacen los familiares no es otra cosa que una expresión de amor.

Al crear este campo en el que no se mira a las características de las personas, a sus errores, a lo que han hecho mal, sino en el que se logra conectarse con el amor que hay detrás de eso, entonces se crea un campo en el que ocurre la sanación.

–¿Esto sucede incluso con padres o antepasados que han actuado de manera cruel, asesina?
–Sí, también. Aunque naturalmente es más difícil. Pero las soluciones reales ocurren más allá del nivel de la culpa y del reproche. Si se logra que el cliente traspase este nivel, reconozca que el reproche y la culpa lo alejan de la fuerza vital, entonces se genera una paz que antes nadie podía imaginar.

Esto no quiere decir, por supuesto, que la rabia, la desesperación y la culpa se hayan de excluir. Pero se tiene que saber que las soluciones reales van siempre más allá.

–¿Más allá de la justicia?
–No se trata de juzgar a la familia ni de cambiar el pasado sino de preguntarse: ¿Qué actitud puedo adoptar frente a eso grave o doloroso que sucedió para que no esté vinculado a esto que me sucede ahora, y para que no me limite y me condicione el futuro?

Cuidar el futuro

–Hablando de futuro, ¿podemos hacer algo para que las generaciones futuras crezcan más sanas?
–En lo personal, a través de las constelaciones se puede ver cómo están situados los niños en el sistema familiar: ¿están en un lugar en el que se pueden desarrollar? En un contexto más general, creo que sería importante que las comprensiones que hemos conseguido con este trabajo se pudieran llevar al colegio.

Sería interesante que los niños aprendieran desde un principio que siempre hay algo que separa a los padres, porque son dos personas.

Que el anhelo que tienen los niños de que los padres se conviertan en una persona solo es realizable dentro de sí mismos. Y esto es algo que vivimos continuamente en las constelaciones: cómo se empeñan los niños en superar las fuerzas que separan a sus padres y unirlos. En la escuela se podría enseñar que tan solo hay un lugar donde los padres puedan estar unidos y es en su corazón, independientemente de cómo sea la relación entre los padres.

–A veces ocurre algo grave en una familia. ¿Cómo se puede tratar para que afecte lo menos posible a las generaciones futuras?

–En las constelaciones se observa que la fuerza en el sistema está relacionada con personas excluidas o con sucesos que han sido excluidos. La exclusión es una reacción al trauma, porque en su momento no estuvieron disponibles los recursos para integrar eso grave que sucedía. Por eso ocurren las exclusiones. Y nuestra experiencia es que los contenidos excluidos se ponen en escena en generaciones futuras: la repetición de destinos graves sucede ahí donde no se ha logrado la integración. Pero en el presente, desde un lugar seguro, tenemos la posibilidad de mirar a aquello que fue difícil y desde allí nos podemos vincular con lo que ocurrió. Lo que está integrado está en paz y ya no sigue actuando.

El fin de una guerra

–¿Sigue afectándonos lo que ocurrió en la Guerra Civil española?
–Los contenidos no resueltos siguen activos dentro de nosotros. Y a veces el trauma es tan fuerte que una vida no es suficiente para que se pueda integrar, pasa por encima de una generación.

Los nietos de la generación de la guerra parecen más afectados que los hijos. Yo creo que los conflictos siempre son igual de activos pero los nietos están más lejos de lo sucedido y su cuerpo es más flexible para que esta energía pueda manifestarse de forma más poderosa que en la generación anterior, en la que se ha experimentado mayor opresión y no se ha podido romper el silencio.

–A pesar de no haber vivido la guerra, la sociedad actual, ¿continúa ocultando muchas cosas que repercutirán en generaciones posteriores?
–Lo que más me preocupa de hoy es que cada vez somos menos capaces de establecer contacto con otras personas, incluso dentro de la propia familia. Nuestros niños necesitan un poco de guía para poder desenvolverse en la comunicación personal.

Porque para que el amor no sea ciego, para que vea, es necesaria la capacidad de contactar, incluso cuando las emociones son muy fuertes. Ahí es donde tendríamos que desarrollarnos, y es algo que vamos perdiendo.

–¿Lo detecta ya en las constelaciones familiares?
–Los jóvenes que vienen a las constelaciones justamente son los que no tienen miedo al contacto. El potencial de peligro está más en aquellos a los que el contacto supera y que por eso escapan a otros mundos.

–¿Para que la constelación ayude es necesario, pues, estar interiormente preparado?
–Lo más importante para un proceso exitoso es la disposición del cliente a asumir su responsabilidad consigo mismo, con su vida y con su situación actual. Aquellos que no tengan esta disponibilidad necesitan apoyo o un trabajo previo. He trabajado en clínicas y ahí detecto que la persona enferma se sitúa en su papel de enferma y espera que los demás hagan algo por ella.

Y para que la constelación sea exitosa se necesita asumir la responsabilidad, ocuparse de la actitud que uno tiene ante la vida y estar dispuesto a trabajar en esta actitud.

Buscar en mal sitio

–Los problemas que tenemos en el trabajo o con nuestras parejas, etc. ¿responden a menudo a estos problemas no resueltos con los padres?
–Probablemente ahí se encuentra la causa más importante. Inconscientemente, aquello que nos falta de nuestros padres intentamos encontrarlo en otros lugares. Si lo buscamos en la pareja, tendremos un problema de pareja. Si lo buscamos en nuestro jefe, tendremos el problema en el trabajo. El trasfondo es: todos hemos recibido algo de nuestros padres y a todos nos falta algo de nuestros padres. Y aquello que nos falta, intentamos vivirlo y lo buscamos en contextos donde no lo podemos encontrar.

–¿Necesitamos sufrir para comprender?
–A veces, por desgracia, sí. Bert Hellinger dijo que los cambios reales tan solo ocurren en el límite.

–¿Pero siempre se está a tiempo? ¿O a veces la enfermedad ya está demasiado avanzada?
–Puede ser demasiado tarde. Pero estoy convencido de que todo es posible. He visto a veces cómo el cuerpo se reorganizaba en minutos o segundos y cómo molestias de mucho tiempo desaparecían de pronto. Así que todo es posible pero no todo es posible para todos. Habría que investigar más.