«Enfadándote y señalando a la gente no llegas a ningún sitio. Tienes que llegar al corazón de las personas y la mejor manera de conseguirlo es contando historias». La autora de esta frase es la conocida primatóloga Jane Goodall.

Esta excelente comunicadora se aleja de discursos confrontacionales y apuesta por escuchar y encontrar puntos en común con quienes piensan radicalmente diferente a ella. Goodall cree en el poder del «s​torytelling», de contar historias, para producir un cambio en las personas.

Empatizar es clave

En el movimiento vegano tendemos a alejarnos de la teoría que defiende Goodall. Nos enfadamos y llamamos hipócritas a quienes se declaran amantes de los animales mientras siguen comiendo carne.

Así no se convence. No seguimos el consejo de la primatóloga de empatizar con nuestros interlocutores y olvidamos cómo éramos antes de ser veganos. Así, lo que conseguimos es que las personas a quienes acusamos se pongan a la defensiva, lo que levanta una barrera comunicacional insalvable.

Esta barrera comunicacional es especialmente fácil de crear cuando defendemos discursos controvertidos y con poca aceptación social, como lo es el veganismo. Y es aquí donde el «storytelling», el arte de contar historias, juega un papel crucial.

Según un estudio publicado por SAGE Publishing el año pasado, en discursos muy polarizados que generan contraargumentos fácilmente, las historias pueden facilitar la escucha y diluir los pensamientos que generan rechazo o negación. Esto ocurre porque nuestro cerebro ama las historias, literalmente.

Oxitocina para llegar al corazón

Paul J. Zak, director del Centro Estadounidense de Estudios de Neuroeconomía, descubrió que cuando escuchamos una historia convincente el cerebro libera oxitocina, la «hormona del amor». Esto hace que seamos más compasivos, confiados y generosos. Un cóctel perfecto para plantar las semillas de un cambio.

Para que estas semillas florezcan es vital que la «moraleja» de la historia nos lleve a creer que nuestra acción es necesaria y eficaz.

Así lo demuestra un estudio sobre la eficacia del «storytelling» para actuar frente a la emergencia climática. A la gente hay que contarle no solo los motivos por los que debe cambiar; también hay que enseñarle cómo hacerlo y demostrarle que su cambio tiene un impacto significativo.

Historias que conmueven

Los ejemplos del uso del ​»storytelling» por movimientos sociales son numerosos. Desde el spot de dibujos animados que lanzó Greenpeace para hablar de las consecuencias del uso del aceite de palma, hasta ​el «timelapse» de Save the Childrenpara mostrar cómo cambia la vida de un niña siria como consecuencia de la guerra.

Dentro del movimiento vegano, ​la icónica historia de Vita, la perra rescatada por Igualdad Animal del comercio de carne de perro en China​, sirvió para ilustrar la enorme carga cultural que hay detrás de qué animales elegimos amar y cuáles comer.

Es imposible saber cuántas conciencias habrán despertado estas historias. Como lo es, por desgracia, conocer la llave mágica para generar un cambio en la sociedad. Pero resulta reconfortante y esperanzador descubrir que hay evidencias de que podemos crear un mundo mejor a base de relatos. Así que creemos y contemos las historias que cambiarán el mundo.