Debido a la falta de costumbre, compartir un espacio común, a veces muy pequeño, durante tanto tiempo, puede llegar a provocar, en todos los miembros de la familia, graves roces y momentos de gran tensión. Máxime si tenemos en cuenta que muchos adultos, a la vez que cuidan de sus hijos, han de cumplir, desde casa, con su jornada laboral, lo que puede llegar a generarles una enorme ansiedad por no poder terminar, a diario, su cuota de trabajo.

Sé que vivimos tiempos excepcionales y que puede llegar a ser muy estresante este encierro. Recordemos que nuestros hijos necesitan comprender lo que está ocurriendo, que les cuidemos y les protejamos desde el respeto y el amor incondicional. Somos los garantes de su salud mental, física y emocional. Como adultos, somos nosotros los que debemos realizar el mayor esfuerzo para que sientan amados y seguros en sus familias.

Si se ponen nerviosos: trata de comprenderles

En una situación como la que estamos viviendo de alarma social, encerrados en casa todo el día juntos, no hemos de extrañarnos si salta la tensión y unos y otros nos ponemos nerviosos.

Ante todo, recuerda siempre que nuestros hijos necesitan nuestro cuidado, nuestra protección y más en situaciones especiales como la presente. Si se desbordan y esto te estresa, respira profundamente varias veces (o aprieta y suelta los puños repetidas veces para soltar tensión), si te sientes ansioso y hay otro adulto en casa, pídele que te acompañe o te sustituya.

  • Evitemos gritar, premiar, castigar o chantajear. No le quitemos importancia a su angustia. Recuerda, tu hijo se ha desbordado porque algo siente malestar. Te necesita. Cuando puedas, que sientas que ha pasado el momento de tensión, dile que estás ahí para ayudarle y abrazarle.
  • Recuerda que, ahora más que nunca, tus hijos te necesitan. Si te desbordas y crees que no puedes controlar tu malestar, ve a otra habitación, al baño, refréscate, respira profundamente, comprende la situación desde el punto de vista de tu hijo. Cuando te hayas calmado, puedes explicarle a tu niña, a tu niño, lo que te ha ocurrido.
  • Nunca pagues con ellos tu ansiedad. Tus hijos necesitan sentir que les cuidas y les proteges. Aprovecha este momento para cultivar la paciencia y servir como modelo a tus hijos. Nosotros siempre somos su ejemplo a seguir.

Ayuda a evitar conflictos entre hermanos

Si tenéis varios hijos, estos días podéis aprovechar para que, entre ellos, realicen juegos y tareas cooperativas, no competitivas. Como ejemplo de cooperación, podéis hablarles de cómo, entre todos, estamos trabajando para parar la difusión del virus.

Por vuestra parte, si surge un conflicto entre ellos, mantened la calma, tenéis que sostener emocionalmente a todos vuestros hijos. Procurad que no se hagan daño, facilitadles herramientas y, cuando llegue el momento adecuado, fomentad el diálogo entre ellos para superar estas situaciones difíciles.

Busca un equilibrio entre rutinas y flexibilidad

Mantener ciertas rutinas diarios nos van a ayudar a crear una sensación de normalidad y continuidad muy necesarias a la hora, al finalizar el estado de alerta, de reincorporarse a las actividades normales. Obviamente, podemos ser flexibles, no hay que seguir el mismo horario rígido del colegio.

Si somos demasiado estrictos o disciplinados la convivencia puede llegar a ser muy dura. No está mal ser ordenado, pero puedes flexibilizar tu postura. No todo puede estar limpio u ordenado las 24 horas del día. No tiene que ser todo perfecto y menos los niños, que necesitan tiempo de reír, jugar, dormir, distenderse.

No pueden estar recibiendo órdenes continuamente o sintiéndose juzgados, esto les crea angustia y malestar. Olvida parapetarte siempre en el punto de vista del adulto, recupera tu mirada de niño. No les obligues o les fuerces. Habla, negocia con ellos, respétales. Hay tiempo para todo.

Fomenta la comunicación en familia

Los niños notan el ambiente, sienten que algo grave está pasando y necesitan saber qué está ocurriendo. Si se sienten excluidos, pueden llegar a angustiarse más. Con naturalidad, podemos explicarles lo que está sucediendo, siempre adaptando la información a su comprensión y edad.

Las familias podemos aprovechar este encierro para reforzar nuestros vínculos, para aprender a conocernos de verdad. Nos pasamos la vida separados unos de otros. Instauremos un momento al día (o varios) para comentar como nos sentimos, para hablar de lo que echamos de menos, para hacer partícipes a los demás de nuestros pensamientos, para proyectar juntos lo que vamos a hacer cuando todo termine. Reforcemos nuestra complicidad.

Escuchemos lo que tienen que decir nuestros hijos, de esta forma podemos conectar con ellos, con sus emociones, con sus sentimientos, con las maravillosas personas que son. No olvidéis decirle, a diario, “eres extraordinario” y “te quiero”. Necesitan escucharlo y sentirse amados y protegidos.