En las películas de amor romántico nos dicen que el amor lo puede todo y nos hacen creer que nuestro amor salva a los hombres, y los transforma en príncipes azules. La estrategia es que primero sientas pena por el personaje, para que ahí donde todos ven un ogro o un monstruo, tú veas un príncipe azul y bondadoso.

Un ogro es un tipo desastroso que tiene algún tipo de problema gordo: está deprimido y no levanta cabeza, o está endeudado y arruinado, o es alcohólico, o es adicto a alguna droga, o es un mentiroso patológico, o es un vago y abusa de los demás, o tiene problemas de violencia.

Para los demás es un tipo desagradable o sencillamente asqueroso, pero tu gran sensibilidad te permite ver durante unos pocos segundos que en realidad tiene un gran corazón, que está asustado, y solo necesita toneladas de amor de una mujer especial que le cuide y le ayude a sanar, a rehabilitarse, y a cambiar.

Si él es la Bestia… ¡Pasa de convertirte en su Bella!

Es el mito con el que se construye la Bella y la Bestia, y muchos cuentos más: los relatos de salvación romántica sirven para que las mujeres aguantemos a tipos horribles que nos tratan mal, nos arruinan económicamente, nos chupan las energías y abusan de nuestra bondad. El objetivo es que sigamos aguantando malos tratos por amor los siglos de los siglos.

Como las mujeres cada vez aguantamos menos, entonces cada vez se esfuerzan más para contarnos historias maravillosas de salvación y superación en las que, gracias al amor de una buena mujer, él deja de ser un agresor y se convierte en un hombre bueno, cariñoso, amable, generoso.

Deja de ser feo, deja de ser adicto, deja de ser un desastre… El milagro se produce porque él se deja aconsejar por la mujer que le ama. Se siente querido e importante, entonces empieza a pensar que ella se merece ser feliz, y que la felicidad de ella depende de que él cambie.

Entonces él cambia porque “se da cuenta”.

Este es el momento de la transformación mágica: él se da cuenta de cuánto daño le está haciendo, se da cuenta de que ella vale mucho y se merece lo mejor, se da cuenta de que está haciendo el tonto y puede perderla, se da cuenta de que su salvación está en ella.

Cuando él “se da cuenta”, se deja llevar, se deja cuidar, deja de tratarla mal, y permite que ella le guíe y le eduque. De alguna manera, él se pone de rodillas y admite que es ella la que sabe, y es ella la que va a salvarle, y por eso empieza a esforzarse para salir del agujero en el que está metido.

Los sapos son sapos: no lo olvides

La moraleja de estos cuentos es que el amor romántico convierte a un sapo verde en un príncipe azul. Nos venden la idea de que a nosotras nos van a amar siempre si tenemos paciencia, si nos entregamos a la causa, si damos lo mejor de nosotras mismas, si nos sacrificamos, si tenemos fe y esperanza en el cambio.

Estos cuentos sirven para que cuando te conviertas en una mujer adulta sigas creyendo en este cuento y sigas creyendo en la magia del amor como cuando eras niña. Así te haces creer a ti misma que él puede cambiar, puede pedir ayuda, puede dejar su camino hacia la autodestrucción, y puede dejar de tratar mal a las mujeres que ama.

Como ya no somos niñas, es muy importante que tengamos muy claro que esos cuentos no se cumplen en la realidad, y que nuestro amor no salva a nadie. Solo se sale de la miseria o del desastre trabajando muy duro y con ayuda de profesionales.

Nosotras podemos cambiarnos a nosotras mismas, pero jamás podremos cambiar a los demás.

La única forma que hay para que un tipo deje de ser agresivo o deje de beber es que tome conciencia por sí mismo de lo que le ocurre. El cambio solo depende de él mismo y del trabajo interior que quiera hacer para salir de ahí.

No podemos seguir cayendo en la trampa romántica: los cuentos se escribieron para que las mujeres creamos ciegamente en la magia del amor, y para que sigamos sufriendo y aguantando tipos horribles en nombre del amor.

Ahora que sabemos para qué y por qué se escribieron esos cuentos, tengamos claro que el amor no transforma a ningún monstruo en príncipe azul: solo ellos pueden salvarse a sí mismos, ser responsables, cuidarse y comprometerse con ellos mismos.

Nosotras nos merecemos una buena vida, tener lejos a los ogros de buen corazón y tener cerca a gente que se trabaja sus cosas igual que nosotras nos trabajamos las nuestras.