Separarnos abruptamente de todas las personas que rodean nuestras vidas ha sido uno de los efectos más traumatizantes de la crisis del coronavirus. Las comunicaciones o whatsapps, aunque nos han ayudado a soportar el confinamiento obligatorio, no han podido sustituir las ganas que se tenían de contactar físicamente con familiares, profesores, compañeros y amigos.

¿Cómo será el reencuentro? Previsiblemente, el reencuentro físico con los seres queridos también sacudirá nuestras emociones.

Nos costará reprimir nuestros sentimientos

Si, en general, la ausencia nos hace apreciar mucho más a los cercanos, con esta pandemia se ha multiplicado exponencialmente esa sensación.

La posibilidad de perder a algunos de nuestros seres queridos o amigos; los medios oficiales clasificando y estableciendo los colectivos más vulnerables; el mensaje de peligrosidad en los contactos; la incertidumbre sobre el tiempo que duraría este estado de alarma, han ido creando un sustrato psicológico de inquietud y desasosiego que, además hemos intentado disimular durante nuestros contactos a través de las pantallas.

  • Aflorarán emociones contenidas. Para proteger a quienes no nos veían hemos dado a entender que todo iba bien, que lo estábamos llevando bien y que lo mejor era continuar así. No solo hemos estado confinados físicamente, sino que hemos reprimido gran parte de nuestras emociones.
  • Tendremos ganas de expresarnos. En el fondo, lo que teníamos ganas de expresar es que los echábamos mucho de menos. Que añorábamos compartir sus gestos, sus risas, sus consejos o críticas, en definitiva, esas charlas sobre lo humano y lo divino que quedaron amordazadas por una situación excepcional.
  • Será tiempo de sincerarnos. Cada uno de nosotros ha vivido, en su soledad más íntima, ese punto de pena de verse a uno mismo siendo víctima de una serie de vivencias dolorosas, pero que, al ser una situación general, pareciera que no tenía cabida hablar sobre ellas. Ahora quizá nos apetezca más expresarlo.

Emociones contenidas por el distanciamiento social

Hemos pasado muchas semanas necesitando contacto físico. Las expectativas ante el reencuentro ahora son muy altas y nuestro estado emocional está tocado. Todo eso es lo que se escenificará o se habrá escenificado ya en el reencuentro con los familiares, amistades o compañeros.

Sin embargo, no debemos olvidar que ya venimos de la inhibición y que aún estamos con el condicionamiento de la distancia social, lo cual disminuirá considerablemente la efusividad. Se mezclarán sonrisas y lágrimas, pero aún de forma contenida.

  • Demos tiempo al tiempo y abramos la palabra. Tendremos muchas ganas de compartir momentos –previsiblemente alrededor de una mesa– con otras personas, quizá más de las habituales, como en Navidad. Acomodémonos de nuevo a estos encuentros sociales.
  • Adaptémonos poco a poco. Vayamos entrando, poco a poco, en los rituales de siempre, pero no olvidemos que lo de siempre ha sido y será diferente.
  • Dejémonos llevar. Cada uno necesitará contar los pormenores de sus vivencias en los distintos momentos del aislamiento. Al comienzo puede que sean anécdotas, divertidas o paradójicas, pero a medida que se avance irán saliendo sentimientos más profundos.
  • Soltemos los miedos. Tanto los que se han producido hacia uno mismo, como los temores por los seres queridos.
  • Demos valor a lo importante. Las pérdidas que se hayan producido y, sobre todo, el haber tomado conciencia de lo mucho que importan todas esas personas, cada una con sus gestos y en el día a día, que quedaban casi invisible, nos dan una nueva perspectiva.

Desconectemos de lo virtual para conectarnos

Los seres humanos somos gregarios por naturaleza. Pero no solo como pueden serlo otras especies, a las cuales se les puede engañar con una imagen muy fácilmente.

Nosotros no nos conformamos con hologramas, a pesar de la tendencia a lo virtual, sino que necesitamos ese territorio emocional constituido por las personas de carne y hueso, de las que nos envolvemos. Nos constituimos a partir de ellos y necesitamos reconocernos como sujetos aunque sea para diferenciarnos.

La sensación de pérdida se ha ido acrecentando desde el comienzo de la desescalada. Las imágenes en el ordenador ya no podían suplir las ganas de abrazar, aunque fuera con mucha prudencia, a quienes hemos sentido que estaban muy lejos de nosotros, aunque estuvieran a pocos minutos de nuestras casas.

Quizás la vida nos dé pocas ocasiones como la que estamos viviendo para hacernos conscientes de nuestra afectividad y también de la de quienes nos rodean. Eso quiere decir poder adquirir un mayor conocimiento de nuestra forma de sentir y pensar y, cómo no, descubrir también la de los demás. Las intimidades están a flor de piel ¡No desaprovechemos la oportunidad de expresarlas y compartirlas!