En nombre del amor establecemos en nuestras relaciones una serie de supuestos que llevan a crear, de forma inconsciente, una «contabilidad» emocional. El saldo de las cuentas, en general, suele ser negativo. Esa forma de funcionamiento, esos balances, son comunes en nuestra vida cotidiana en los distintos campos y personajes de nuestra existencia y de los deberes que vienen a saturarla.

Pero, ¿qué sucede cuando las cuentas se concentran en un mismo espacio-tiempo y con la misma persona debido al confinamiento obligatorio? Si además le añadimos que afuera hay un enemigo invisible que nos angustia soberanamente, la combinación puede llegar a ser explosiva. La actitud que adopten los protagonistas en cada caso determinará que ese material explosivo explote de forma destructiva o se convierta en una divertida bengala.

Deudas pendientes y reproches durante el confinamiento

En la medida en que los nervios están a flor de piel durante el confinamiento, cualquier elemento, tarea o cuestión que se plantee en el día a día puede ser motivo de conflicto. La «deuda» emocional se puede desestabilizar por cuestiones nimias: quién hace la compra, la comida o quién se encarga de los deberes de los niños (si los hay). Lo peliagudo es que muchos de estos temas estarán cargados por lo que sentimos como deudas anteriores.

Así que, de forma casi incontrolada, aparecen los reproches: quien hace más, quién hace menos, cuánto has puesto tú y cuanto he puesto yo. Que no es que no haya que ser equitativo en los repartos, pero es que en ocasiones se quiere pasar factura del pasado.

¿Por qué somos tan exigentes con nuestra contabilidad emocional en pareja? Suponemos que quien convive con nosotros es quien mejor nos conoce y que, por tanto, es el que, o la que, mejor nos va a comprender. Pensamos que entenderán cualquiera de nuestros gestos, renuncias o atenciones dirigidas a sostener el proyecto común. Esto es verdadero y falso. Y este pensar es el origen de muchas de las deudas y deberes que arrastramos del pasado.

Seguramente es cierto que es nuestro partener es quien mejor nos puede comprender porque es con quien nos podemos mostrar más tal como somos. No hay que guardar las apariencias y nos permitimos sacar nuestras frustraciones y miserias. Lo cual no deja de tener también su reverso. Sobre él o ella las vaciamos, cual contenedor de reciclaje, y en muchas ocasiones les hacemos ser sus causantes.

Pero, atención, porque si partimos de la premisa de ellos saben mucho sobre nosotros, entonces lo tendrían que saber todo, tendrían que percatarse de lo que pretende comunicar cada una de nuestras expresiones, en cualquier lugar y momento de nuestra vida. Si no es así, creemos que existe una mala intención de fondo, lo cual quedará guardadito en nuestra cuenta emocional, en forma de deuda.

Dos tipos de deudas y dos formas de reclamar

Cuando se reclaman las deudas pendientes es cuando surgen las discusiones. Hay un estilo diferencial en esa forma de reclamar las deudas.

  • Reclamar ser aceptados totalmente tal como somos

Si se llega al fondo comprobamos que hay personas que quieren del otro una aceptación total. Si no es así no se sienten reconocidos, ni queridos. Cuando reclaman su deuda (algo que algunos hombres hacen cuando se les presiona a hablar) suelen decir algo así como: «no entiendo por qué te enfadas si yo ya hago cosas».

Tras estas palabras lo que se esconde una profecía de autocumplimiento: «¡Tú ya no me quieres! ¡Ya no me aceptas tal y como soy!», lo que cierra las puertas al diálogo porque todo será leído desde ese código.

  • Exigir que el otro descubra qué necesitamos en cada momento

Este estilo es totalmente contrario. Es el de querer dar a entender que las circunstancias, personajes del entorno, formas de manifestación… cambian y, por tanto, las necesidades que ello comportan, también. Exigen que la pareja aprenda a leer los signos no como algo fijo, inmutable y total, sino como algo dinámico, demandan la complicidad del compañero. Esta posición es más frecuente entre mujeres, aunque no exclusivamente.

El mensaje de fondo es el de que no hay amores incondicionales entre adultos y sí la posibilidad de compartir. Es otra forma de ver las relaciones, pero que choca en muchos momentos con la anterior.

Cómo evitar que las cuentas emocionales terminen con la relación

Contamos, entonces, con un mismo idioma, pero dos códigos diferentes y, hasta cierto punto, contrapuestos. ¿Cómo salir del atolladero? Con el confinamiento disponemos de más tiempo, así que:

  • Comencemos a sacar, con nuestra pareja, los fantasmas, elucubraciones, teorías, temores y también reproches.
  • Estemos preparados para una buena tormenta, chaparrón o terremoto. Seguramente será lo primero que surja.
  • No nos demos por vencidos. Sigamos hablando, si no en ese momento, en otro. Intentemos que nuestro interlocutor vaya desenredando las claves y la lógica de sus comportamientos, porque muchas veces ni ellos, ni uno mismo, sabe cuáles son. Hay que tener paciencia y temple para poder escuchar argumentaciones que, puede, que no nos gusten nada, pero que nos da el encuadre como punto de partida.
  • Haremos lo mismo exponiendo nuestra propia forma de interpretar la vida y las relaciones. Intentaremos ya, ir creando cierta empatía respecto a las motivaciones de nuestros enfados, de lo que nos hace sentir y la manera en que entendemos el amor.

Esto supondrá ir desvaneciendo un poco la teoría del otro acerca de nuestras conductas.

  • Estaremos creando un nuevo marco. Un saber un poco más del otro, que mezclará los dos códigos y que, seguramente, nos permitirá que se vayan fusionando y diluyendo los límites tan absolutos en los que reposan nuestras defensas, miedos y expectativas.
  • Esto no implica que se vaya a conseguir una combinación exacta de las dos formas de ver y vivir la vida, pero sí un mayor conocimiento de quien tenemos delante, y de un proceso que puede ayudarnos en otros momentos de la convivencia.

El reto de la pareja será seguir descubriéndose, sin que eso sea vivido de forma persecutoria y negativa.

  • También tendremos que aprender a respetar que hay formas de gozar de las cosas y situaciones muy diferentes. No todo pasa por compartir, ni por falta de crítica. Habrá que respetar, también, la peculiaridad de cada miembro.
  • Todos partimos de la búsqueda de un Ideal de amor, sea como encontrar una Unidad sin resquicios, sea como una complementariedad de encaje perfecto. Sin embargo, en lo humano, eso solo puede producirse parcialmente, lo cual no tiene por qué ser malo.