Todos los padres desean la mejor educación para sus hijos, pero existen distintas teorías y métodos para conseguir los mejores resultados. Es una diversidad lógica, vinculada a las distintas escalas de valores de cada familia.

Unos educadores aprecian la capacidad de trabajo, la memorización y la obediencia, por ejemplo. Otros consideran que estos valores tradicionales no bastan para que los futuros adultos estén satisfechos consigo mismos y sepan encontrar soluciones a los retos que les depare la vida en una sociedad cada vez más compleja y cambiante.

Escuelas con diferentes orientaciones coinciden en poner la creatividad en el centro de sus propuestas pedagógicas. Como la Escuela Liberi, en Premià de Mar, a pocos kilómetros de la ciudad de Barcelona. Un edificio del siglo XIX y un gran jardín, lleno de rincones para investigar, acogen el proyecto de Manel (músico) y Ana (editora), padres que han hecho realidad el colegio que se ha convertido en la esperanza de muchas familias que desean ofrecer una educación realmente alternativa a sus niños.

Autonomía y libertad de elección

«Aprender es inventar», el pensamiento del psicólogo y biólogo Jean Piaget es uno de los lemas elegidos por Liberi para dar a conocer su enfoque pedagógico. Para favorecer la inventiva, los niños se mueven libremente en distintos ambientes cuidadosamente preparados, tanto interiores como exteriores.

Por ejemplo, hay un gran espacio donde pueden crear sus propios libros y otro dedicado a la música, con gran variedad de instrumentos. Otros lugares están dedicados a la historia, las matemáticas, el mundo (con esferas terrestres y mapas) o el universo, además de un gran taller.

La calidad de los espacios y los materiales al alcance de los niños son cruciales, pero lo interesante de la propuesta de Liberi (www.escolaliberi.com) es cómo se organiza el aprendizaje. En este sentido, el concepto clave es el respeto por la autonomía y la libertad de elección de cada niño. Permiten el juego libre, dejando experimentar a los niños de forma espontánea y natural, no enjuiciando sus creaciones.

Como explica Manel, «el principal hecho que condiciona la creación artística e intelectual de nuestros hijos es nuestro propio vínculo con ellos. Cuánto más amoroso e incondicional sea, más autónomos y creativos progresarán en su vida, fluyendo hacía una dirección acorde a sus deseos e intereses, no hacía estrategias de resistencia y combate permanente».

Acompañamiento no directivo

Visto así, el papel del educador dista mucho del de «dar la lección». Su función es acompañar de manera no directiva, teniendo en cuenta las emociones de los pequeños. Parte de su trabajo es construir un vínculo emocional seguro con el niño, algo básico para que desarrolle su potencial.

Esto solo es posible si el niño se siente respetado, acogido y querido en todo momento. Los educadores de estos proyectos observan cada día cómo se desenvuelven los niños cuando no son coartados. Proponen soluciones geniales continuamente. Se podría decir que se comportan todo el rato como artistas sin público.

Pueden pasar de la naturalidad más salvaje al histrionismo, la caricaturización, la imitación, la ironía… No hay guionista que pudiera trasladar la genialidad de sus discursos, de su «saber estar», de su implicación en la trama. Los niños pueden resolver entre ellos sus problemas. O más que resolverlos, vivirlos, situarlos en un nuevo equilibrio.

No necesitamos ovejas, sino personas apasionadas

Cristina Romero es autora de los libros «Pintará los soles de su camino» y «Una revolución en la Escuela. Despertando al dragón dormido» (Ed. Ob Stare), en los que plasma su visión de la relación entre libertad y creatividad. Como explica, «nuestro mundo ya no necesita más ovejas, sino dragones bien despiertos, niños y adultos conectados con los dictados de sus corazones, apasionados por aprender y expresarse creativamente, conectados con sus necesidades y anhelos».

La creatividad no es solo un mantra común en las escuelas heterodoxas. Los pedagogos más prestigiosos la consideran el eje que debe revolucionar la manera tradicional de enseñar en todas las escuelas, incluso en las más apegadas a los valores tradicionales.

Si quieren que sus niños tengan éxito en cualquier campo, habrán de ser creativos. Lo sostiene, por ejemplo, Ken Ro­binson, doctor en Pedagogía por la Universidad de Londres y reconocido escritor y conferenciante: «Con el estado actual de la economía, invertir en el viejo modelo de la educación no tiene sentido. Necesitamos un nuevo modelo, una nueva visión sobre el talento y la inteligencia».

Para Robinson, algunas características de la educación tradicional que limitan la creatividad son las lecciones sin diálogo, los exámenes, los test de inteligencia o la organización del saber en asignaturas separadas y jerarquizadas.

A favor de la creatividad juegan los conocimientos que aparecen formando parte de la experiencia directa de los niños, la posibilidad de realizar algo de manera imperfecta o de equivocarse sin ser castigado, así como el cultivo de los talentos personales.

La clave de una pedagogía de la creatividad es que, en vez de inculcar conocimientos en los niños, se propicia que los descubran por sí mismos. Las escuelas creativas debieran facilitar que encuentren el lugar y el momento para hacer las cosas que les gustan y que se les dan bien, disfrutándolas y compartiéndolas.

El estímulo del arte

En Barcelona, el Centro de Educación Primaria y Secundaria Artística Oriol Martorell es una escuela pública innovadora que integra la música y la danza como ejes principales del plan de estudios y las combina con la ESO y el Bachillerato, de modo que los alumnos acaban los estudios también con el grado profesional de música (https://agora.xtec.cat/ieaoriolmartorell/)

En este centro los alumnos hacen más horas de música y danza e igual o menos de las asignaturas obligatorias que el resto de colegios públicos y privados de nivel socioeconómico similar, pero los resultados académicos generales están muy por encima, según un estudio realizado por Maria Andreu y Pere Godall, profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Las conclusiones de estos dos profesores son que la formación artística mejora la capacidad de aprender el resto de conocimientos. En concreto, por ejemplo, los alumnos con experiencia musical tienen especial facilidad con las matemáticas y las ciencias naturales.

Existe la idea de que solo unas pocas personas son creativas y que, por tanto, la mayoría no ha sido agraciada con ese don y debe cultivar otras cualidades. Los expertos aseguran que no es así, sino que la creatividad es una característica innata del ser humano que florece en determinadas condiciones.

Lo fundamental es no cohartar la libertad

Cuando un niño hace algo creativo y es aplaudido por sus profesores y compañeros, se refuerza esa capacidad. También cuando se le muestra que equivocarse es normal y forma parte del proceso de aprender.

Sin embargo, la mayoría de escuelas y profesores no están adiestrados para estimular y reconocer la creatividad cuando la tienen delante. Los alumnos creativos pueden ser vistos por los profesores como problemáticos y molestos, porque interrumpen la clase con preguntas o hacen cosas diferentes a las que exige el profesorado.

Un maestro coarta la libertad si solo acepta de los alumnos respuestas predeterminadas y estos aprenden a dárselas, en vez de inventar algo propio y nuevo. Esta respuesta de los niños se llama «pensamiento convergente» y vendría a ser lo contrario de la creatividad.

La visión Waldorf

«No hemos de preguntarnos qué necesita saber el hombre para mantener el orden social, sino, ¿qué potencial hay en el hombre y qué puede desarrollarse en él? Así será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de las jóvenes generaciones», escribió Rudolf Steiner hace un siglo.

Los 700 colegios Waldorf de todo el mundo siguen las orientaciones pedagógicas de Steiner, desarrolladas y profundizadas por otros autores, que otorgan a la expresión artística y el fomento de la creatividad un lugar clave.

La Escuela Libre Micael, de Las Rozas, Madrid (www.escuelamicael.com), es la más veterana de las escuelas Waldorf españolas (las otras son El Til·ler de Barcelona y Geroa en Álava). En estos colegios se fomenta el juego libre con materiales naturales y sencillos que desarrollan la fantasía, y se trabaja la interpretación teatral y las habilidades artísticas.

Adiós a los libros de texto

Andrea de la Cruz, fue alumna de la Escuela Libre Micael desde los 3 años y recuerda que «el camino del aprendizaje y la creación siempre era más importante que el producto final». No se sentía juzgada por los profesores que les iban guiando, dejándoles ser y encontrar sus propios tesoros dentro de las asignaturas.

María Jesús Manzano y Pedro Álvarez-Monteserín, profesores Waldorf con décadas de experiencia, agradecen «haberse liberado de la tiranía de los libros de texto, la presión de las industrias audiovisuales, las directivas administrativas incoherentes y otros agentes nocivos para la infancia».

En la Escuela Micael no se trata de aprender a leer y a sumar cuanto antes: hasta los 7 años, los niños básicamente juegan y cultivan su fantasía. «Estos primeros años de libertad y experimentación son la base de la creatividad en las etapas posteriores y en la edad adulta», explica Antonio Malagón, fundador de la escuela.

Fomentando la creatividad

La creatividad es algo más que simple ingenio o una afortunada trabazón de ideas. Si es auténtica, es el fruto de una visión interior o intuición, una expresión genuina del individuo. En las escuelas Waldorf se favorece este proceso a través de la expresión artística, el conocimiento de los ciclos de la vida, el ejemplo de los adultos y de las personalidades históricas o la admiración por lo bello.

Aunque prácticamente todas las escuelas y maestros consideren positivamente la creatividad, todavía son pocos los centros que se la han tomado en serio. Sin embargo, la creatividad es cada día más necesaria.

Como dice Saturnino de la Torre, uno de los pedagogos españoles más citados: «el siglo XXI está llamado a ser el siglo de la creatividad, no por conveniencia de unos cuantos, sino por exigencia de encontrar ideas y soluciones nuevas a los muchos problemas que se plantean en una sociedad de cambios acelerados, adversidades y violencia social».