Ver una película puede resultar terapéutico porque nos conecta con nuestros deseos, activa recuerdos, nos muestra nuevos caminos o pone palabras a nuestros sentimientos más íntimos. Si estás pasando unos momentos difíciles, la cineterapia puede ser de ayuda.

Y es que el hechizo de las imágenes cinematográficas es uno de los desencadenantes más potentes del inconsciente: muchas películas funcionan como alegorías, igual que los mitos, las bromas, los cuentos de hadas o los sueños que se utilizan en muchas terapias.

El cine nos ayuda a comprendernos

A menudo, sientes muchas cosas y no sabes o no puedes formularlas en palabras hasta que ves esa película. Como pasa con algunas partes del cuerpo –la rodilla, el codo, el ombligo, la nuca–, que existen, pero no llaman tu atención, puedes pasar toda una vida girando en torno a algo sin reparar demasiado en ello hasta que, de pronto, eso insignificante cobra significado. ¿Cómo ocurrió? Si es a través de una película, le otorgas sentido al automatismo. ¿Por qué a veces reaccionamos emocionalmente al ver una película y no a otras?

Sumergirte en una película determinada es mirarte en un espejo en el que tal vez no te habías mirado antes. Resulta muy útil averiguar qué hay de uno mismo o de una misma en una película. Ver a otro al que le pasan cosas parecidas a las que te pasan a ti, o que hace lo que podrías hacer y no te atreves, te sugiere preguntas sobre el sentido de la vida que llevas y las decisiones tomadas. Es el comienzo del cambio.

El cine puede ser un espejo en el que se refleja nuestra vida

Te puede conectar de un nuevo modo contigo misma o contigo mismo. Activa tus recuerdos, tus necesidades, tus íntimos deseos, tu mirada; te abre puertas que tal vez hubieran permanecido cerradas. En realidad, funciona como un foco que ilumina una parcela personal, como reflejo, como filtro, como altavoz. Te transmite una visión particular de tu propia realidad y te proporciona pistas para cambiar actitudes y hábitos que te limitan.

A través del cine podemos crecer a nivel personal

Es un estimulante de la imaginación y del pensamiento, un eficaz pasaporte hacia las emociones. Vivir es también cambiar. Las situaciones vividas por los personajes pueden ser una advertencia para ti, una revelación, un camino a seguir, un impulso para el cambio y conducirte a la reconciliación contigo mismo.

Sea una película compleja o banal, te puede instalar de pronto en un aspecto personal que no habías enfocado de esa forma y hace que empieces a darle vueltas. Si el protagonista actúa como a ti te gustaría, desenfadada como Victoria Abril en El felpudo, o segura de lo que quiere, como Diane Keaton en Cuando menos te lo esperas, te reconoces en la que quisieras ser.

También puede ocurrir que el tema tratado no te toque directamente, pero puede sugerirte algo que podría llegar a ocurrirte y afirmar de este modo tus creencias o tus deseos. Así, mientras que para muchas, El piano, de Jane Campion, representa la liberación de una mujer; para otras es la atadura de una mujer. Para todas esta película funciona como advertencia.

Lo mismo ocurre con Casi todas las mujeres son iguales, dirigida por Brian Skeet, donde la ordenada vida de una académica, Margaret Nathan, al lado de su marido, se ve alterada cuando inicia la traducción de un diario escrito en Francia. Sé de quienes se replantean su pareja cada vez que ven una película de Woody Allen.

En realidad, un filme te puede mostrar lo que podrías hacer o reafirmarte en lo que nunca harías.

Ahora bien, una película puede marcarte en un momento de tu vida pero no en otro. La que te trastocó años atrás puede no sugerirte nada en el presente.
Cuando te ocurra, en lugar de descartarla para siempre, podrías tratar de averiguar qué ocurrió. Saber qué mecanismos operaron en ti que ya no se activan (o viceversa) puede darte muchos datos sobre tu estado emocional y actuar como una verdadera terapia.