La neurociencia ha confirmado los grandes beneficios del ejercicio físico (adaptado a la edad y el estilo de vida personal) sobre la salud. Pero, ¿cuál es la excelencia del ejercicio físico? Posiblemente, que sus beneficios no son exclusivos para el correcto funcionamiento de nuestro organismo (sistema cardiovascular, articulaciones y músculos) sino, entre otros, también para la mente, ya que contribuye a mejorar la atención y la memoria.

Los beneficios del ejercicio físico para la memoria son tales que incluso hay una corriente, la neuroeducación, que propone programar actividades físicas en los colegios a partir de media mañana para facilitar la memorización de los conocimientos trabajados durante las primeras horas. Así de simple. La neurociencia explica el por qué de esta relación.

¿Entrenamiento cognitivo o ejercicio físico?

Es posible que te plantees la siguiente cuestión: si deseo mejorar mis funciones cognitivas, ¿no será mejor utilizar exclusivamente pruebas de memoria y atención específicamente diseñadas para ello?

En este sentido, Sandra Chapman, profesora de la universidad de Dallas (Texas) que investigó y comparó los beneficios de ambos entrenamientos (mental y físico) concluyó que el ejercicio físico influía más en la memoria mientras que el entrenamiento específico cognitivo lo hacía en el razonamiento abstracto.

Por qué mover tus músculos activa tu memoria

El ejercicio físico estimula la producción de diversas sustancias en el músculo esquelético. Por ejemplo, las neurotrofinas o “factores neurotróficos derivados del cerebro” (Brain Derived Neurotrophic Factor), unas proteínas que favorecen la supervivencia de las neuronas y actúan positivamente sobre la memoria.

Estas sustancias activan la vascularización, favoreciendo el aporte de glucosa y oxígeno, nutrientes indispensables para las neuronas, inciden en la neurogénesis o creación de nuevas neuronas en el hipocampo, área fundamental para la memoria (Pereira et al. 2007), contribuyendo, en definitiva, a una mejor funcionamiento cerebral.

Eso sí, no es un efecto inmediato. Se requiere un mínimo de 20 minutos de actividad física, tiempo que necesita el organismo para obtener la energía necesaria a partir de las grasas, una vez se han metabolizado los glúcidos. Es entonces cuando se secreta la irisina, una enzima indispensable para la síntesis de las proteínas BDNF.

El músculo esquelético ya no es simplemente un órgano contráctil con el único objetivo de generar movimiento, sino un elemento endocrino altamente activo.

Durante el ejercicio secretan moléculas que son beneficiosas para el cuerpo y el cerebro.

Estas moléculas incluyen hormonas (miokinas), factores de crecimiento y proteínas (citoquinas) que son fundamentales para la señalización celular. De esta forma, existe una comunicación del músculo con otros tejidos u órganos distantes, con una diversidad de efectos (anti-inflamatorios, metabolizantes de las grasas, entre otros) promoviendo la salud y el bienestar.

Las repeticiones del ejercicio protegen tus neuronas

Si combinamos el ejercicio físico con una adecuada interacción social y cierta actividad intelectual, dispondremos de unas poderosas herramientas para retrasar las demencias, mejorando la calidad de vida. Es lo que indican los estudios epidemiológicos, según palabras del neurocientífico Arthur Kramer, experto en ejercicio físico y envejecimiento.

Como cualquier otra actividad repetitiva, produce cambios estructurales cerebrales. Así, se ha observado que el ejercicio físico incrementa los volúmenes del hipocampo y de la corteza prefrontal, dos de las áreas específicamente sensibles a la neurodegeneración.

Tu mente se vuelve más creativa si haces deporte

No solo mejora tu memoria cuando haces ejercicio: tu creatividad también sale beneficiada. ¿Estás trabajando en tu proyecto fin de grado (TFG) o de máster (TFG) y te has encasillad@? No le des más vueltas. Ponte unas zapatillas de deporte y, sin pensar en nada en particular, date unas vueltas. Te sorprenderás de las ideas que llegarán a tu mente ayudándote a seguir adelante con el proyecto.

El ejercicio físico, especialmente el de resistencia, supone para el cerebro un espacio de creatividad. En esos momentos en los que aparentemente no se realiza ninguna actividad intelectual es cuando se activa la red neural por defecto, descubierta por Marcus Raichle en el año 2001, y es la responsable de los chispeantes momentos “eureka”.

Otros beneficios para tu mente

No cabe duda de que actividad física y cerebro van de la mano: influye en nuestro estado de ánimo, afecta al aprendizaje,a la atención, mejora la ansiedad, el estrés e incluso puede ayudarnos a inmunizarnos contra algunas enfermedades o, al menos, paliarlas.

El ejercicio físico, además de aportar más oxígeno al cerebro, incrementa los niveles de determinados neurotransmisores (serotonina, dopamina, noradrenalina) de opioides endógenos (endorfinas), que contribuyen a una agradable sensación de bienestar. Algo difícil de entender por aquellos que son sedentarios. ¿Cómo puede experimentar bienestar alguien que se está “machacando” y no deja de sudar?

Los practicantes de jogging saben, por experiencia, el “placer” que sienten, cómo su estado de ánimo mejora después del entrenamiento y el equilibrio emocional que experimentan. Por eso es altamente recomendado como terapia en casos de adicción y de depresión.

No lo dudes, incorpora la actividad física en tu rutina diaria. “Corra unos cuantos kilómetros en la cinta y no mejorará su depresión sino que vivirá más años”, suelen aconsejar los científicos al respecto. Tu cuerpo y tu cerebro os lo agradecerán.

Empieza a moverte (por tu cuerpo y por tu cerebro)

Cuando no existe una clara y determinante motivación para incorporar un espacio de tiempo diario a la actividad física, se convierte en un gran sacrificio. La excusa perfecta es, entonces, la falta de tiempo por las tareas laborales y domésticas. Por ello, necesitamos encontrar una motivación para adoptar este hábito tan saludable: si el cuidado del cuerpo no te motiva, quizá te ayude pensar en todos los beneficios que el ejercicio podría tener para tu mente.

Existe un pequeño (gran) truco para favorecer el inicio de la actividad física pues para los noveles no deja de ser algo aburrido, fatigante, e incluso para aquellos ya habituados, siempre existe aquel día que no hay ganas pero que sabemos que hay que hacerlo. Se trata de incorporar música al entrenamiento.

Sin darte cuenta te estarás moviendo y tus músculos secretarán todas esas moléculas tan beneficiosas para la salud.

Escuchando tus canciones favoritas, una detrás de otra, con tu playlist en el móvil, esos 30 minutos diarios ya no supondrán un sacrificio, sino un placer. Adaptando tus movimientos al ritmo musical, el consumo de oxígeno será menor y el cansancio y sensación de esfuerzo disminuirán.

La sinergia de la música con el movimiento produce aún mayores beneficios que simplemente el ejercicio físico. Por ejemplo, en estudios con personas de edad avanzada, se comprueba que mejoran la fuerza muscular de agarre ejercitándose cuando escuchan música (Den Elzen, 2019) en comparación sin ella.