Cuando enfermamos o estamos doloridos deseamos que alguien nos cure o nos quite el dolor y los síntomas desagradables lo antes posible. Pocas veces se nos ha enseñado que algunos de nuestros síntomas son el mejor recurso que tiene el cuerpo para recuperar el equilibrio. De hecho, en la mayoría de casos tiende a recuperar espontáneamente la salud.

Y es que cada uno de nosotros es único. Estamos formados por unos sistemas inmunitario, genético, endocrino, termorregulador y conductual que expresan esa unidad. Pero a la vez estamos unidos al medio ambiente y nuestra relación con él influye en todo el sistema.

Equilibrarnos con la naturaleza

La capacidad de respuesta de nuestro cuerpo depende de los cuidados que le dispensemos, del descanso, el agua, el aire, la dieta o las actitudes ante la enfermedad. Sin embargo, el clima, lo que comemos, el aire que respiramos, los microbios que nos rodean, son también parte de ese equilibrio.

Se conocen muchos mecanismos de reequilibro corporal: el pecho de la madre adaptándose a las necesidades del niño, la adaptación al esfuerzo, la altura o la temperatura, la capacidad de sellar una fractura ósea, de responder a una infección…

Conocer signos y síntomas que presenta una persona, su biología, fisiología, la acción de las plantas y los medicamentos… a los médicos nos ayuda a ser más eficaces; pero conocer los mecanismos del cuerpo y entender los efectos secundarios de la medicación puede hacer tomar una u otra actitud ante la persona enferma.

Saber cómo se autorregula el cuerpo para facilitar la curación

Este pensamiento ha existido en la mayoría de tradiciones médicas. Los griegos denominaron a estos mecanismos del cuerpo la vis naturae medicatrix, el poder curativo de la naturaleza. Hoy este poder curativo, esa capacidad del organismo para autorregularse y recuperar la salud, se analiza en medicina desde muchos puntos de vista y probablemente se conoce su fisiología mejor que nunca, pero todavía es una idea poco difundida y a veces mal entendida.

Claude Bernard, en su libro Aplicación del método científico en medicina, sostiene que el cuerpo funciona como un todo, pero justamente su método ha acabado sirviendo para estudiar al ser humano por partes: células, órganos, aparatos, sistemas.

W. B. Cannon, por su parte, definió la homeostasis o poder de autorregulación como «la tendencia del medio interno a equilibrarse con independencia del exterior». Hoy sabemos de la importancia del medio exterior.

No se trata de confiar en una vis medicatrix mágica y desconocida, sino de confiar en lo que conocemos e intentar descubrir o aprender lo que desconocemos y actuar con humildad y respeto ante el enfermo.

Algunas recomendaciones

  • En la base de una buena terapia debe haber técnicas que ayuden a los mecanismos autorreguladores y todos aquellos hábitos y actitudes que mejoren la capacidad del cuerpo para responder a la enfermedad.
  • Al comparar el placebo con un medicamento, hay que pensar que la capacidad autocurativa, unida a la confianza en el placebo, un buen diagnóstico y los cuidados, puede ser difícil de superar por cualquier fármaco.