¿Recuerdas cuando tu abuela te decía que se avecinaba una tormenta porque podía «sentirla en los huesos»? Puede que tuviera más razón de lo que tú creías. Los cambios en la presión barométrica que acompañan a las tormentas y los cambios en los patrones climáticos sí afectan al cuerpo, y algunas personas son más sensibles a esos efectos que otras.

Borrascas y dolores de cabeza

Hay bastantes personas que experimentan síntomas cuando cambia la presión barométrica. El doctor Matthew Fink, neurólogo jefe del Hospital Presbiteriano de Nueva York, explica que la presión barométrica baja (asociada a borrascas) puede causar dolores de cabeza o migrañas al crear una diferencia de presión entre la atmósfera y los senos craneales, que son cavidades y, por tanto, están llenas de aire.

El problema se exacerba cuando los senos están congestionados o bloqueados por cualquier motivo. En un estudio publicado en la revista Internal Medicine, los investigadores pidieron a los pacientes con migraña que mantuvieran un diario de dolor de cabeza durante un año.

Después de comparar estos diarios con los cambios de presión barométrica observados en la estación meteorológica cercana, encontraron una correlación directa entre la presión atmosférica más baja y el inicio y la duración de las migrañas.

Temperatura, presión y dolor en las articulaciones

Investigadores del Tufts-New England Medical Center en Boston encuestaron a 200 pacientes con artrosis de rodilla y encontraron un vínculo entre los cambios en la presión barométrica, la temperatura ambiente y los cambios en la severidad del dolor de rodilla.

No está claro por qué una caída del barómetro exacerba el dolor en las articulaciones afectadas por la artrosis o la artritis. Podría ser que la presión barométrica afecte la viscosidad del fluido que recubre los sacos articulares, o podría ser que desencadena las respuestas de dolor en las terminaciones nerviosas de la articulación.

Presión arterial

Tal como su nombre indica, nuestra sangre circula por el cuerpo usando un sistema de presión creado por el corazón. Por lo tanto, tiene sentido que esta presión se vea afectada por la presión en el aire que nos rodea.

Según la biometeoróloga Jennifer Vanos, cuando la presión barométrica disminuye, también lo hace la presión arterial. Para algunos, esto puede significar una sensación de mareo o incluso visión borrosa.

Por otra parte, la presión arterial generalmente es más alta en invierno, cuando la temperatura más fría hace que los vasos sanguíneos se estrechen. Es entonces cuando se necesita más presión para empujar la sangre por las venas y arterias más pequeñas.

Como explica el doctor Sheldon G. Sheps de la Clínica Mayo: «El cuerpo y los vasos sanguíneos pueden reaccionar a cambios bruscos de humedad, presión atmosférica, nubosidad o viento de la misma manera que reaccionan al frío».

Estas variaciones en la presión arterial relacionadas con el clima son más comunes en personas de 65 años o más.

Para la medicina naturista, exponerse con moderación a los cambios de la meteorología permite que el cuerpo aprenda a adaptarse e incluso se aproveche de ese estímulo. De hecho, la hidroterapia que utiliza el agua como vehículo de frío o calor, o la sauna, se basan en este principio.