Todos tenemos la capacidad de encontrar soluciones creativas a nuestros problemas. Para resolverlos, debemos abrirnos a una forma diferente de mirar la realidad, no ya desde las actitudes y creencias aprendidas desde la infancia, sino con los ojos de un niño que ve el mundo por primera vez. Lo importante es encontrar el camino propio, el auténtico.

Cambia tu forma de ver

Ante los conflictos de la vida cotidiana, a menudo damos vueltas y vueltas a un problema y no encontramos un modo de resolverlo, pues no nos percatamos de que la dificultad puede estar en cómo entendemos la situación, en las lentes que usamos para leer esa realidad.

Según decían los filósofos griegos: “No son las cosas las que nos fastidian sino la opinión que tenemos de ellas”.

La clave no radica en buscar una solución sino en reformular el problema, en mirarlo de una forma diferente, de una manera “creativa”.

Confía en tu potencial

En algunas ocasiones nos encontramos tan decepcionados por la falta de respuestas frente a un problema que abandonamos la búsqueda y nos resignamos. No nos percatamos de que existen otros caminos que no hemos explorado simplemente porque no los habíamos visto.

¡Confía! Hay más en ti de lo que crees.

Recuerda que la palabra creativo tiene su raíz en aquello que es creado. Al enfrentarnos a nuestros conflictos, si aplicamos la creatividad que nace en cada uno de nosotros, seremos creadores de nuestra propia vida.

Define cada problema

Detrás de las situaciones que nos preocupan o nos angustian existe generalmente un conflicto: dos o más fuerzas, deseos o intereses que se contraponen en algún punto. El conflicto puede producirse entre tú y la realidad o entre dos aspectos de ti mismo.

En principio, es importante poder precisar dónde está el conflicto y en qué puntos chocan cada una de las fuerzas involucradas en el problema.

Ante cada conflicto, no escondamos los sentimientos y evitemos repetir las mismas soluciones que pueden llevar a una vida monótona.

Aprende de la dificultad

Las dificultades que nos plantea la vida cotidiana pueden verse como obstáculos o como oportunidades. ¿Oportunidad de qué? De aprender algo.

Frente a una situación difícil, frente a una encrucijada, pregúntate: “¿Qué hay que aprender aquí´”, “¿Qué puede enseñarme atravesar esta experiencia?”.

Responder a esta pregunta puede abrirte a una nueva manera de considerar el problema, pues es una puerta hacia lo que sigue en lugar de un ancla hundida en el pasado.

Deja de suponerlo todo

Vaciarse de suposiciones es la clave para avanzar, es necesario “desaprender” lo que sabemos sobre el problema, no dar nada por sabido.

En ocasiones, las soluciones que hemos intentado aplicar en algo que nos preocupa forman parte del problema en sí mismo; de modo que nos impiden ver aspectos de la situación y encontrar nuevos enfoques.

Recuerda que, como dice la filosofía zen, “una taza solo puede utilizarse cuando está vacía”.

Vuelve al punto de partida

Da unos pasos hacia atrás. Intenta abstraerte y ver el problema como si lo hicieses por primera vez, como si no fueras tú el involucrado, desde una perspectiva más amplia.

Esto se denomina “realizar un ejercicio de extrañamiento”, es decir, contemplar algo como si fuese totalmente extraño y desconocido. Como si vieses una motocicleta por primera vez (tomando la idea del escritor Julio Cortázar) y dijeras que es “un insecto metálico gigante” y no una motocicleta.

Intenta nuevas miradas

Como hemos dicho, la creatividad implica poder ver las cosas de otra manera; por ello, a veces es de utilidad probar otros puntos de vista.

Para hacerlo, puedes intentar el siguiente ejercicio. Siéntate cómodamente e imagina: “Si contase esta situación, ¿qué me diría, por ejemplo, un niño?, ¿y un viejo sabio?, ¿y un boxeador?”. Puedes hacer este ejercicio con cualquier personaje o persona que se te ocurra.

Solo un consejo: no le hagas caso siempre al viejo, ¡el niño y el boxeador también saben lo que dicen!

Diseña opciones creativas

Después de vaciarte y enriquecerte con otras miradas, es el momento de volver a tomar tu lugar ante la situación y de diseñar nuevas maneras de abordar el conflicto.

En muchas ocasiones basta con reacomodar los elementos, encontrar nuevas combinaciones de ideas. Recuerda que crear es recrear.

Recuerda que romper la rutina es clave. Si nos proponemos llevar una vida creativa, nos encontramos con un obstáculo fundamental: la costumbre, lo seguro, la rutina. Abordemos opciones nuevas.

Atrévete a idear, a inventar

Anímate a dar crédito a tus propias ideas, creencias, intuiciones y esfuerzos.

Las soluciones creativas parecen más arriesgadas, implican dejar de lado la seguridad. No están “probadas”. Pero el crecimiento personal no depende de llegar a la meta sino de lo que podemos aprender y disfrutar durante el viaje.

Al reinventar nuestra realidad nos reinventamos a nosotros mismos. Vivir una vida creativa implica aprender de la experiencia, sin quedarnos prisioneros de ella, trazando nuestro propio sendero.