Los cambios no suelen ser tranquilos. Quizás sí pueden ser graduales, hacerse poco a poco. Pero cuando queremos cambiar, vamos a tener que ir a por todas. Si no, estaremos modificando, arreglando, maquillando o retrasando situaciones que nos superan. No pasa nada, pero no es el cambio que estamos buscando.

El cambio implica una decisisón porque, una vez lanzados, resulta difícil volver atrás. En el hipotético caso de que quisiéramos hacerlo, nunca volveríamos al mismo sitio. No sería posible. Por este motivo es tan importante la determinación que tomemos, además de ser conscientes de cada paso que demos.

Cuando comenzamos en este camino de cambio, paradójicamente, descubrimos que estamos bastante más preparados de lo que pensábamos. Nos damos cuenta de que es como montar en bici. Simplemente estaba ahí pero no nos acordábamos.

Olvidamos que el cambio, la capacidad de adaptación, forma parte de las características innatas de nuestra especie. Con ese olvido caemos en la letanía de quien sigue proponiendo estabilidad, tranquilidad o sensatez como un antídoto del supuesto abismo que supone cambiar todo.

Es un recurso efectivo y lo recibimos desde el exterior (y desde nuestro interior) en forma de miedo.

Identificar qué es lo que se quiere conseguir, centrarse en ello, atreverse con pequeños cambios y superar los miedos resulta clave para materializar los cambios. Poco a poco, se van incorporando en nuestra cotidianidad.

Los cambios llegan cuando conseguimos centrarnos en los aspectos más sencillos de la vida.

Porque, más allá de la intención de cambio, está la voluntad, el compromiso y el deseo sincero de conseguirlo.

Cómo conseguir tu mejor versión en 7 pasos

El cambio se inicia identificando qué es lo que se quiere conseguir, saber el sentido de lo que queremos lograr. Si ya lo tienes claro, estos pasos pueden ayudarte a conseguirlo:

  • 1. Divídelo en etapas. Dividir nuestro propósito de cambio en etapas pequeñas ayuda a que sea más sencillo identificar las barreras que puedan existir y separarlas. El cambio no es un logro único, es el encadenamiento consistente de tareas pequeñas y ejecutables.
  • 2. Mantén un registro de los logros. Por nimio o evidente que sea el paso, nos dará una idea de movimiento o de acción imprescindible para la motivación necesaria hacia un cambio permanente.
  • 3. Aprende de los fallos. En el proceso pueden sucederse tropiezos, fallos, que si se reconocen, permiten aprender y ayudan a no repetirlos (al menos de forma consciente) y avanzar. La perseverancia y la repetición ayudan a avanzar paso a paso.
  • 4. Deja ya de compararte con los demás. Entender que todos estamos en nuestro propio viaje y que no importa dónde estén los demás es esencial para comenzar. Esto va de tu propio progreso y no del de otros.

Es entender que estás mirando tu vida desde un lugar independiente del de otras personas y que, por lo tanto, eres único.

  • 5. Entiende el poder de tu forma de pensar. Para el cambio que quieres realizar, ajustar el modo de pensar es enormemente poderoso. Puedes pensar que tu mal humor, por ejemplo, se debe a otras personas o circunstancias externas que no puedes controlar, pero realmente esa es una elección: la de cómo reaccionas ante las circunstancias.
  • 6. Quiérete más. Aceptarse sin juzgarse es la única forma de ser la mejor versión de uno mismo. Esto significa aceptar tanto tus fortalezas como tus debilidades. Así, puedes empezar a moverte de una forma auténtica por tu vida.

  • 7. El viaje nunca termina. El cambio nunca acaba porque no dejamos de crecer como personas. La gran noticia es que no llegaremos a la perfección ¡por mucho que lo intentemos! Porque la vida no va de eso. Va de ampliar conocimientos y perspectivas, continuamente. Una vez que lo aceptamos, resulta algo más fácil conseguir la felicidad que merecemos.