Un estado estable, por deseable que sea, no es algo fijo. Podría decirse que es simplemente una faceta del proceso en el que constantemente uno pierde y recupera el eje central.

Esta es una mirada más realista sobre la estabilidad y, por tanto, más alcanzable y disfrutable. Si quieres estabilidad, debes estar dispuesto a perderla por un momento.

Cualquier cosa nos puede sacar de nuestra «estabilidad»: un pensamiento que no sirve a nuestro propósito vital, una mirada ajena, algo que consideramos que nos perjudica, recaer en un mal hábito… Son situaciones que forman parte de la experiencia vital y nos enseñan cómo funciona la mente.

Si aceptamos que la mente tiene sus ciclos, fases y biorritmos como cualquier otro órgano corporal, disfrutaremos de sus olas y veremos la estabilidad que hay detrás de sus corrientes constantes: esa mirada despierta que lo observa todo.