Monodieta de fresas, ayuno con zumos, cura del sirope de savia… Aunque diferentes, todas estas propuestas, de las que cada vez se oye hablar más, coinciden en su objetivo de depurar el organismo y concederle una pausa, lo que puede beneficiar tanto al cuerpo como al ánimo.

La depuración es un proceso natural que el cuerpo lleva a cabo de forma permanente para eliminar sustancias no deseadas, procedentes tanto de desechos metabólicos como del aire, la comida o el entorno.

El cuerpo utiliza varios sistemas para neutralizar las toxinas, transformarlas o expulsarlas. Pero su funcionamiento puede verse obstaculizado por excesos alimentarios, sedentarismo, estrés, falta de sueño, fármacos o sustancias estimulantes, que provocan una acumulación de compuestos nocivos en la sangre y diversos órganos.

De hecho, una de las causas de enfermedad (obesidad, diabetes, alergias, dolencias cardiovasculares, problemas dermatológicos…) puede ser la presencia crónica de sustancias indeseables en el organismo.

Si limpiamos la casa con regularidad y realizamos una puesta a punto del automóvil o los armarios al menos dos veces al año, ¿no podríamos hacer algo parecido con el organismo?

El ayuno es una cura con historia: la depuración constituye uno de los tratamientos médicos más antiguos. Hipócrates, padre de la medicina, ya la prescribía, al igual que Galeno y Paracelso, quienes definían el ayuno como «el mayor remedio, el médico interior».

En este sentido, el Dr. Ródenas insiste en que es un puntal de la medicina naturista: «Cualquier tratamiento empieza por una limpieza que libere de obstáculos a las fuerzas curativas internas para que actúen ante una enfermedad».

Obesidad, problemas hepáticos, trastornos circulatorios, dolores de cabeza, reumatismos, afecciones alérgicas de la piel, traumatismos o dolencias crónicas tienen en los ayunos y curas depurativas un recurso terapéutico eficaz.

Además, los ayunos han sido practicados por grandes pensadores y filósofos, como Platón o Aristóteles, para alcanzar la eficiencia física y mental.

¿Por qué hacer una dieta depurativa?

Muchas personas se han acostumbrado a convivir con jaquecas, estreñimiento, piel apagada, exceso de peso… Todos ellos síntomas de un organismo sobrecargado que está pidiendo ayuda para renovar su energía y eliminar las toxinas que no logra desechar.

Seguir una cura depurativa es una oportunidad para que el sistema digestivo descanse y el cuerpo active sus mecanismos para librarse de lo que le sobra.

Lo ideal es «intentar que la depuración orgánica se acompañe de una renovación mental que permita seguir adelante con nuevos ánimos», señala el Dr. Pedro Ródenas, médico naturista. Por ello es recomendable llevarla a cabo en fin de semana o vacaciones, cuando se tiene tiempo para uno mismo y es posible aparcar compromisos y horarios.

Beneficios de hacer una cura depurativa

Los efectos de una cura depurativa se notan en un plano físico, pero también mental y espiritual:

  • Ejerce una depuración corporal profunda que elimina residuos metabólicos y tóxicos.
  • Permite descansar a los órganos digestivos.
  • Ejerce un efecto regulador y revitalizador de todas las funciones vitales.
  • Mejora la piel.
  • Favorece la pérdida de peso e impulsa la transición hacia hábitos dietéticos más equilibrados.
  • Promueve una movilización óptima de la energía.
  • Fortalece el sistema inmunitario al eliminar sustancias tóxicas.
  • Se gana claridad mental.
  • La percepción del tiempo varía y se gana tranquilidad y sosiego.
  • Al controlar la comida, da seguridad y refuerza la autoestima.

¿Cuándo hacer una dieta depurativa?

Los cambios de estación son idóneos para realizar este alto en el camino, sobre todo el inicio de la primavera, cuando la naturaleza parece renacer y crearse a sí misma. Atrás queda el invierno, una época en que la mayoría de personas suele moverse menos y comer más.

La nueva estación trae consigo un magnífico surtido de vegetales, base de muchas curas depurativas.

Por otro lado, «que las curas coincidan con buen tiempo es una ventaja ya que mientras se realizan se puede sentir más frío por el menor aporte de calorías«, explica el Dr. Ródenas.

Lo que hay que saber antes de iniciar una cura

Antes de comenzar una cura depurativa, es conveniente planteársela como una pausa y rodearse de un ambiente tranquilo y saludable.

Estas son algunas sugerencias para prepararla y realizarla de forma cómoda:

  • A modo de preparación, en los días previos es conveniente abandonar el consumo de sustancias tóxicas (como el tabaco), así como de grasas, dulces y estimulantes.
  • Durante la cura se aconseja prescindir de elementos estresantes tales como agendas, televisión u ordenador.
  • El descanso es un requisito básico en una cura depurativa o ayuno, y la mejor garantía de que irá bien. Deben atenderse los momentos en que se necesite con siesta, respiraciones, meditación…
  • Pero no ha de ser una cura de inactividad: paseos al aire libre, estiramientos suaves o ejercicio moderado resultan recomendables.
  • Comunicarlo a quienes conviven con uno es fundamental para que respeten la decisión y colaboren.
  • El primer día es conveniente favorecer la eliminación de impurezas. Puede tomarse una infusión laxante al levantarse y acostarse, o bien aplicarse una lavativa (1 o 2 litros de agua o infusión de tomillo o manzanilla templada).
  • Resulta útil tener a mano ropa cómoda y de abrigo, porque se puede sentir más frío.
  • Se recomienda ducharse o bañarse con frecuencia para eliminar las toxinas que se expulsan con el sudor, así como cepillarse la piel en seco para retirar las células muertas.
  • Hay que ser consciente de que puede aparecer dolor de cabeza las primeras 48 horas, por diferentes motivos. Puede aliviarse con acupresión: presionando ligeramente durante un minuto el punto sensible entre el pulgar y el índice.
  • En caso de mal aliento o lengua sarrosa, si bien son frecuentes durante la cura, conviene cepillarse los dientes con regularidad y hacer gárgaras con un enjuague bucal suave.
  • Tras la cura, es importante volver gradualmente a la dieta habitual para consolidar los cambios e incorporar nuevos hábitos alimentarios.

¿Cómo hacer una dieta depurativa?

Si se quiere eliminar toxinas se ha de evitar la introducción de otras nuevas a la vez que se estimula su drenaje del organismo. La manera más directa de hacerlo es mediante el ayuno, pues se trata de un periodo en el cual solo se consume agua, que se ingiere para evitar la deshidratación.

Pero un ayuno estricto no está al alcance de todas las voluntades ni resulta lo más adecuado en todos los casos: «Organismos desentrenados o personas delgadas –apunta el Dr. Ródenas– se benefician más de otro tipo de cura o de una dieta depurativa. Depende del punto partida: cualquier restricción, por pequeña que parezca, ya se considera depurativa«.

Por eso en este artículo no abordaremos los ayunos puros a base de agua, que precisan de vigilancia médica si se prolongan más de dos días, sino de formas más sencillas de semiayuno que pueden practicarse sin peligro con el fin de depurarse. Si se desea prolongarlos más de una semana, lo ideal es contar con el asesoramiento de un experto o acudir a una clínica especializada o casa de reposo con experiencia en ayunos.

En lo que toda depuración suele coincidir es en la supresión casi total de grasas y proteínas, dos nutrientes consumidos en exceso, y en la incorporación de un elemento drenante (fruta, caldo, zumo…), pues «el objetivo es eliminar toxinas de los tejidos para pasarlas a la circulación y eliminarlas a través de la orina», comenta el Dr. Ródenas.

Un tiempo de paz y conexión interior

Una cura depurativa no tiene por qué ser una experiencia restrictiva. Puede deparar una intensa sensación de paz y conexión interior, que ayude a aclarar cuestiones emocionales. La renovación es tanto física como mental.

Aunque muchas personas se acercan al ayuno o a las curas depurativas simplemente para perder peso, conviene saber que el resultado no es solo físico: junto a los kilos o las toxinas de más se movilizan también cargas emotivas, al tiempo que se recuperan facultades que parecían olvidadas. La persona se siente con ello más centrada.

Un poco de orden

En efecto, depurar el organismo implica poner orden, lo que lleva a ser más consciente de uno mismo, de la vida y de las emociones. Como consecuencia de ello, la autoestima aumenta e incluso se pueden tomar decisiones que hasta ese momento permanecían aparcadas.

«Seguramente se experimentará una nueva claridad y determinación», apunta el Dr. Ródenas.

La persona tiene más presentes sus capacidades y limitaciones, y trabajará con ellas mientras dure el proceso depurativo.

Introspección

Como decía el Dr. Buchinger, «cuando el cuerpo ayuna, el alma tiene hambre», en referencia a la tendencia espontánea de quien ayuna a la introspección. Además de notar cómo cambia la actitud hacia la comida, con el ayuno se descubre un acceso hacia la parcela más íntima de uno mismo y, por lo tanto, una orientación diferente hacia el mundo circundante.

Crecimiento

Detrás del ayuno se encuentra, muchas veces, un anhelo de crecimiento interior. Este estado de desprendimiento se vive a menudo como una experiencia trascendente, que atenúa el ego y permite entrever la esencia espiritual.

Descanso

Acompañar la cura dietética con relajación, descanso, contacto con la naturaleza, respiraciones, música o meditación permite vivir el proceso de una manera más auténtica y profunda.

¿Se pasa hambre durante una dieta depurativa? La reacción del cuerpo y los niveles de energía

Durante una dieta depurativa, al ingerir menos calorías de las necesarias para sostener la actividad normal, el organismo procede a metabolizar el tejido graso y las sustancias superfluas, que son reincorporadas al ciclo metabólico para proporcionar la energía que no se recibe por la alimentación.

El cuerpo vive, pues, de sus propias reservas: primero utiliza la glucosa circulante, luego las reservas de glucógeno en el hígado y los músculos, y pasadas 48 horas obtiene glucosa quemando las reservas de grasa.

«Incluso en los ayunos con agua el hambre se siente sobre todo el primer día y desaparece después, coincidiendo con el aumento en la sangre de un subproducto metabólico llamado acetona, procedente de la movilización de las grasas y responsable de inhibir el centro del hambre situado en el hipotálamo», explica el Dr. Miquel Pros, médico naturista.

Además del hambre, el cansancio es el temor principal de quienes inician un ayuno o cura. Pero todos se sorprenden de la energía y vitalidad que sienten. Los dos primeros días puede notarse cierta debilidad pero después la persona está más ligera y el cansancio se atenúa.

Aprovechar estos días para realizar paseos suaves y adaptar la actividad física a las posibilidades de cada cual favorece el sueño y la función cardiaca, y ayuda a quemar calorías.

«Los depósitos de grasas y proteínas suelen permitir que una persona de peso normal pueda ayunar hasta cuatro semanas, pues son los dos nutrientes de los que se suele abusar», recuerda Ródenas, quien insiste, sin embargo, en que curas tan largas deben hacerse bajo supervisión médica «para controlar el pulso, la presión arterial y la temperatura».

Si se realiza una monodieta o un ayuno con zumos de hasta una semana, se dispone además de los nutrientes que aportan los alimentos.

¿Se dan alteraciones durante las dietas depurativas?

Hay que tener en cuenta que como las toxinas son liberadas de nuevo a la corriente sanguínea pueden dar lugar a dolor de cabeza, náuseas y reaparición de antiguas afecciones.

Son un buen indicador de que el organismo hace su trabajo y coinciden con los momentos de mayor actividad y esfuerzo metabólico para eliminarlas.

Estas alteraciones resultan más intensas cuanto más estricto es el ayuno y pasados los primeros días desaparecen para dejar paso a una agradable sensación de paz y control.

Cinco dietas para depurarse

1. Dieta depurativa con fruta y verdura

Se aconseja seguir esta dieta depurativa un mínimo de quince días y se puede alargar más. De hecho, es la dieta que el Dr. Pedro Ródenas propone a sus pacientes como paso previo a cualquier tratamiento. Si se prolonga, permite sentar las bases de una dieta definitiva o servir de inicio para un programa de adelgazamiento.

Aunque la depuración es más suave que la que se consigue mediante un ayuno con zumos, por ejemplo, presenta la ventaja de que apenas tiene efectos secundarios (si acaso algún dolor de cabeza, que puede deberse a la abstinencia de la cafeína) y algo de cansancio. Además, no necesita una dieta de transición de entrada ni de salida.

¿Cómo se hace?

  • En ayunas, se toma una taza de caldo vegetal (con abundante cebolla y apio) junto con el zumo de un limón y una cucharada sopera de levadura de cerveza.
  • Al cabo de media hora se desayuna una ensalada de frutas.
  • A media mañana, se toma una pieza de fruta, y media hora antes de comer, una taza de caldo vegetal.
  • La comida consta de una ensalada abundante y lo más variada posible (con vegetales, germinados, semillas, algas…) y verdura (hervida, al vapor, en puré o en sopa), acompañada de algún cereal integral hervido (arroz, avena, cuscús…) o patata. El aliño que se emplea es aceite de oliva virgen extra con sal de hierbas y vinagre. De postre, se come una manzana o una pera.
  • La merienda es como el desayuno. Media hora antes de cenar, se bebe una taza de caldo vegetal.
  • Para finalizar el día, la cena sigue las pautas de la comida.

Es importante destacar que en esta dieta depurativa no hay límite de cantidades. Además, se recomienda beber un litro de agua fuera de las comidas.

Toda depuración coincide en la supresión casi total de grasas y proteínas, y en la incorporación de un elemento drenante (caldos, zumos, fruta…).

2. Cura depurativa de avena

El Dr. Miquel Pros propone una cura a base de avena por su efecto depurativo y riqueza en silicio, que ayuda a movilizar toxinas. Algo a lo que también contribuye su alto contenido en fibra, de tipo soluble, que le aporta un suave efecto laxante y que favorece la reducción del colesterol.

Por otro lado, su elevado contenido en vitaminas del grupo B le otorga una importante acción tonificante del sistema nervioso. Y aporta buenas dosis de carbohidratos y también proteínas.

Otras ventajas de la avena son que resulta digestiva, que se prepara fácilmente y que tiene un sabor agradable.

¿Cómo se hace?

El esquema de la monodieta de avena, que se aconseja realizar durante una semana, es muy sencillo.

Se toma un batido de avena para desayunar y una crema de avena para comer y cenar, con una fruta de postre.

A media mañana y a media tarde, se toma una ración de fruta, un caldo vegetal o una infusión. El agua se bebe siempre fuera de las comidas.

Para preparar el batido de avena solo hay que batir los siguientes ingredientes:

  • Uno o dos vasos de bebida de avena
  • Dos cucharadas de copos de avena
  • Medio plátano o media manzana
  • 250 ml de zumo de arándanos

Para preparar la crema de avena se necesita:

  • 400 ml de agua
  • Tres cucharadas soperas de copos de avena
  • 50-100 g de verduras (zanahoria, puerro, judía verde…) cortadas finas

Se disponen la avena y las verduras en una olla con agua fría, se lleva todo a ebullición y se cuece durante cinco minutos a fuego lento, removiendo. Fuera del fuego se tritura y se añade aceite de oliva virgen al gusto y una pizca de sal.

Para más información sobre la cura depurativa de avena: Cómo cura la avena, Miquel Pros (Ed. RBA).

3. Monodieta de fresas

Las monodietas son curas practicadas con un solo alimento. Aunque actúan más suavemente sobre el organismo que un ayuno, le dan un descanso a la digestión y logran una depuración efectiva.

Su ventaja es que se pierde peso rápidamente, permiten reparar excesos alimentarios puntuales, facilitan la digestión y, además, la monotonía que genera comer el mismo alimento consigue reducir las raciones.

Una buena opción es realizarla en fin de semana o, como mucho, durante tres o cuatro días. También se puede realizar un día a la semana, durante seis semanas.

Las fresas, ricas en agua y vitaminas, son desintoxicantes, bactericidas, diuréticas y ligeramente laxantes.

¿Cómo se hace?

Se toman de 1,5 a 3 kg de fresas repartidas en varias tomas a lo largo del día (cada dos o tres horas). Es preferible que sean de cultivo ecológico o lavarlas a fondo para eliminar cualquier resto de plaguicida.

Como son dietas cortas el apetito no desaparece, por lo que ingerir fresas de forma frecuente ayuda a satisfacerlo.

Las fresas pueden combinarse con zumo de naranja, de uva o miel. Las personas de estómago delicado las toleran mejor combinadas con yogur vegetal.

Se puede beber agua templada entre tomas o una infusión.

4. Ayuno con caldos, zumos e infusiones

Es una adaptación del ayuno del Dr. H. F. Otto Buchinger, el médico y terapeuta que más ayunos supervisó (más de 100.000). Se distingue del ayuno absoluto (con agua) por el aporte de zumos de frutas, caldos de verduras e infusiones, lo que garantiza un mínimo de hidratos de carbono, vitaminas, minerales, oligoelementos y proteínas.

¿Cómo se hace?

El ayuno dura siete días; durante el primero se consume 1,5 kg de fruta variada del tiempo bien madura, repartida entre tres y cinco tomas.

Del segundo al quinto día el esquema es el mismo:

  • Para desayunar, una o dos tazas de infusión de plantas medicinales (manzanilla, menta, escaramujo, anís o una mezcla de todas) con una cucharadita de miel.
  • A media mañana, se bebe abundante agua mineral con zumo de limón.
  • A mediodía, caldo vegetal o un vaso de zumo de manzana y zanahoria recién hecho.
  • A media tarde, se toman una o dos tazas de infusión de plantas (como en el desayuno).
  • Por la noche, se bebe un vaso de zumo de frutas al gusto diluido en agua mineral o bien un vaso de zumo vegetal o una taza de caldo caliente.

Después, se realizan dos días de dieta de transición.

En el primero se toma una infusión para desayunar y, a media mañana y por la tarde, una manzana madura; a mediodía, una crema de copos de avena (receta en la cura de avena) y para cenar, una sopa vegetal con pan integral. El segundo día se puede añadir al mediodía una ensalada con queso vegano o yogur vegetal, más pan a lo largo del día y frutos secos.

Para más información sobre el ayuno:

  • El ayuno terapéutico: el método Buchinger para la salud del cuerpo y del espíritu, María Buchinger (Ed. RBA-Libros)
  • Manual de curas depurativas, Marie Farquharson (Ed. Océano-Ámbar)
  • Rejuvenecer por el ayuno, de H. Lützner (Ed. RBA-Integral)

5. Cura de sirope de savia y limón

Esta cura reduce los inconvenientes del ayuno tradicional con agua sola pues los azúcares y calorías que aporta la savia concentrada proporcionan energía suficiente para mantener la mente despierta y no sentir cansancio.

El sirope de savia suele estar compuesto por savia de arce (rica en azúcares y sales minerales) y savia de palma (rica en potasio).

Los azúcares y calorías que aporta el sirope de savia proporcionan energía suficiente para mantener la mente despierta y no sentir cansancio durante la cura.

¿Cómo se hace?

La cura completa dura de siete a diez días, en los que se toman de 8 a 10 vasos grandes diarios del preparado, uno cada dos horas.

El preparado consiste en:

  • Un vaso de agua mineral
  • Dos cucharadas de sirope de savia
  • El zumo de medio limón
  • Una pizca de guindilla en polvo

También está permitido beber una o dos infusiones de menta al día.

Una vez terminada la cura, es recomendable volver a la dieta habitual de forma paulatina: los dos primeros días, zumos y caldo vegetal; el tercero, fruta y ensalada.

Para más información sobre esta dieta: La cura de savia y zumo de limón, K. A. Beyer (Ed. Obelisco).