La poesía nace del dolor», decía Joge Luis Borges. Lo cierto es que poetas y pensadores de todos los tiempos han relacionado la poesía con la salud mental. Muchos se han preguntado sobre la salud mental de algunos poetas prolíficos, cuyos versos han puesto palabras a la desesperación, al agotamiento o a la tristeza. Pero los psiquiatras han ido más allá: ¿Es la poesía acaso una forma de conectar con nuestros sentimientos más íntimos? ¿Leerla o escribirla puede ser una forma de terapia? Las investigaciones al respecto parecen indicar que así es: la poesía puede ser sanadora.

Componer poesía para conocernos mejor

Escribir poesía con las primeras palabras que te vengan a la mente, narrar tu infancia en forma de versos, escribir sin parar durante diez minutos y luego reflexionar sobre lo que has escrito… son algunos ejercicios de escritura creativa que pueden ayudar a ponerte en contacto con tus emociones, por lo que se convierte en una herramienta de autoconocimiento muy poderosa.

Uno de los grupos de vanguardia, pionero en el desarrollo de la escritura creativa, fue el francés Oulipo, cuyas técnicas siguen siendo muy activas. Hoy la oferta de talleres de escritura creativa es muy amplia afortunadamente y muchos terapeutas utilizan esta técnica para ayudar a conectarse con el interior y conocerse mejor.

Leer poesía mejora el bienestar mental

Cuando leemos poesía se activan redes neuronales específicas del cerebro relacionadas con la tolerancia a la incertidumbre y la mayor capacidad de razonar ante los eventos inesperados, lo que según investigadores de la Universidad de Liverpool (Gran Bretaña), demuestra que la lectura de los poemas está relacionada con un mayor bienestar mental.

El estudio, publicado en la revista Cortex, analizó la respuesta del cerebro –mediante resonancias magnéticas funcionales– al leer poesía y así pudieron estudiar las bases neuronales y cognitivas de la conciencia literaria.

¿Qué ocurre en tu cerebro cuando lees tus versos preferidos? Lo que pasa es que accedes a tus recuerdos más emocionales. Lo demostró otra investigación, publicada en Journal of Consciousness Studies, que también analizó las zonas del cerebro que se activan al leer poesía. En este caso se comparó con las zonas que se activan al leer prosa. Descubrieron algo sorprendente: la lectura de poesía tiene efectos particulares en la mente de las personas.

En concreto, lo que observaron es que al leer poesía se activan las partes del cerebro vinculadas con la memoria (y relacionadas, concretamente, con la introspección) en mayor intensidad que al leer prosa. La conclusión de los investigadores es que la poesía activa nuestros recuerdos más emocionales, nos ayuda a conocernos mejor y a explorar nuestros sentimientos.

El poeta Javier Gilabert ha seleccionado los siguientes 20 libros de poesía para explorar nuestra mente, conectar con la vida y pasar un buen rato inmiscuidos en su lectura. El primero, el suyo, lo hemos elegido nosotros, a pesar de sus reticencias.