El estrés puede ser visto como un hábito o una actitud ante la vida, y como cualquier hábito se puede cambiar y transformar. La experiencia demuestra que para cambiar un hábito de comportamiento se necesitan unas tres semanas de práctica y dedicación.

El estrés se produce cuando la demanda del organismo (a nivel físico, mental o emocional) es mayor de lo que puede manejar. De esto puede deducirse que el estrés es esencialmente una respuesta natural, corporal y mental ante una situación exigente.

Para superar de verdad el estrés lo más importante es no alimentar los hábitos y actitudes que conducen hacia él. La siguiente lista de pasos va desde el ejercicio más básico al más refinado. Pueden enfocarse como una práctica diaria que gana profundidad con los años. El objetivo básico es dejar de identificarse con el estrés, es decir, conseguir que esa actitud deje de ser algo habitual para tornarse puntual o excepcional.

1. No elijas ser una persona estresada

Para empezar, es importante reconocer por qué razón empieza uno a acostumbrarse a la actitud mental que genera el estrés. ¿De qué sirve vivir así? ¿Acaso se siente uno más vivo, más interesante? ¿Es placentera la sensación de acción continua? ¿La vida equilibrada parece aburrida? ¿Sirve, tal vez, el estrés para excusar algún aspecto de uno mismo al que no apetece enfrentarse?

Se trata de preguntas complejas, pero son importantes para poder explorar, descubrir y por tanto sanar el origen de la adicción al estrés.

2. ¿Deseas realmente transformar esa actitud?

Una vez se tiene clara qué razón o qué necesidad se cubre o se encubre con el estrés, hay que preguntarse sinceramente si uno está preparado para transformar ese hábito y hacer las modificaciones necesarias –a nivel nutricional, profesional, familiar, social…– para lograrlo.

Este paso es importante, porque es el que permite empezar el camino desde la pasión de querer transformar la actitud y no porque «hace falta» o no queda otro remedio.

3. Cuestiona ciertos valores

Tras responder con honestidad a las dos primeras preguntas, es hora de explorar otras maneras de pensar y reaccionar ante los retos de la vida. ¿No es cierto que las opiniones cambian alguna que otra vez durante la vida? Es decir, uno está convencido de que «esto es así», hasta que aparece alguien con un punto de vista diferente y el enfoque que parecía inamovible deja de serlo. Lo mismo puede suceder con la actitud ante la vida.

Poner de vez en cuando en cuestión los propios valores e incluso la propia identidad –personal, social, nacional…– puede servir para ver qué opiniones y emociones dependen de un punto de vista. Al reconocer que ciertos valores que consideramos cruciales son algo elegido en algún momento y a continuación repetido mentalmente, se toma responsabilidad sobre los pensamientos y sobre lo que se considera importante o superfluo.

Esta práctica, además, flexibiliza la mente para ver cualquier incidencia con una perspectiva más amplia, y abre la puerta a nuevas maneras de pensar, hablar y actuar.

4. Vive lenta y conscientemente

Si se hacen todas las cosas a un ritmo un 10% más lento (comer, caminar, hablar, pensar…) se crea espacio no solo entre una acción y otra, sino también entre los pensamientos.
A menudo se hace una cosa pensando solo en terminarla y poder empezar la siguiente. Esta manera de vivir no permite aprovechar la oportunidad de disfrutar a fondo de cada acción.

Lo importante es que al hacerlo todo de manera más lenta se deja de enviar una señal de peligro o de estrés al organismo (haciéndole creer que urge hacerlo todo ahora, al instante) y se transmite el mensaje, más sereno, de que la situación es segura, fiable, sólida, tranquila.

De ese modo el cuerpo se siente protegido, se relaja y se suaviza en vez de contraerse. A través de esta práctica se desactiva el sistema nervioso simpático y se activa el parasimpático. También se disfruta más de cada paso.

De hecho, uno de los mejores remedios frente al estrés es el gozo, el disfrute, que se desarrolla a través una actitud juguetona ante la vida. El gozo nace espontáneamente cuando nos damos el visto bueno para hacer las cosas a nuestro ritmo natural. Pero es frecuente forzarlo para sentirse más productivo.

5. Escucha tu diálogo interno

Lo que la mente se dice tiene mucha importancia. Cada pensamiento o palabra, expresada o no, tiene un efecto real sobre el cuerpo, incluso a nivel mecánico (la postura corporal, por ejemplo) y químico. Por eso es útil vigilar lo que uno se dice a sí mismo a lo largo del día.

Simplemente escuchar lo que cuenta la mente puede servir para cambiar de actitud. A menudo el diálogo interno suena a algo parecido a: «qué tonto/a soy», «tengo que hacer X, Y o Z y me falta tiempo», «tendría que haber dicho o hecho esto», «nadie me entiende/aprecia/quiere», «estoy solo/a», «no puedo confiar en nadie», «la vida es dura», «no disfruto de nada», «lo que quiero no lo tengo», «lo que tengo no me gusta», «no soporto a esa persona»… O incluso frases aparentemente inocentes como: «el calor/el frío me mata» o «me muero de…».

Las declaraciones de ese tipo provocan una sensación de agobio y de contracción no solo a nivel emocional, sino también muscular y respiratorio. Pero no hay por qué creerse todo cuanto dice la mente ni repetirlo cada día. En el mercado, por ejemplo, se observa y se huele la fruta antes de pagar por ella.

Algo parecido se puede hacer con los pensamientos. Es posible elegir ver los pensamientos únicamente como una invitación; se puede decidir hacerles caso o se les puedes decir, de manera educada pero firme: «ahora no; gracias», y soltarlos para que dejen paso a otros de índole más constructiva.

6. Muévete con más conciencia

La actitud mental se manifiesta en el cuerpo. Las emociones dolorosas vinculadas a la tensión y el estrés se estancan en forma de rigidez y dureza. Al estar ansioso ante alguna situación o persona, el organismo puede interpretarlo como un peligro; aumenta entonces el tono muscular de la cintura escapular a fin de estar listo para una posible reacción de lucha o huida. Si ese estado de alerta es continuo, la musculatura se resiente.

En la medicina china se considera que cualquier estancamiento significa dolor. Por esto es imprescindible mover la energía físicamente. Caminar, bailar o practicar yoga son buenas opciones. Se puede elegir algo que no sea competitivo, que se practique en un ambiente amistoso, y que se dirija también al plano psicoemocional.

Algo poco recomendado es hacer ejercicios con máquinas y ver la televisión o leer alguna revista mientras se ejercita –sería como hacer el amor y ver las noticias al mismo tiempo–. Si ya se le está dedicando tiempo al cuerpo, es más fructífero hacerlo con plena conciencia y con cariño; los ejercicios serán incluso más eficaces y es probable que el disfrute sea mayor.

7. Lleva una alimentación inteligente

Es imprescindible para la salud del organismo y de la psique comer de una manera equilibrada y lo más natural posible. Pero no es solo la calidad de la comida lo que cuenta: también es importante ingerir los alimentos de manera que la comida sea una fuente de disfrute y no de estrés.

Ayuda recordar que el estómago «no tiene dientes» y que necesitamos masticar bien para facilitar la digestión. Es sano y satisfactorio comer de una manera tranquila, agradecida y alegre. Está demostrado que eliminar estimulantes innecesarios (tabaco, alcohol, café) reduce el estrés.

8. Pon límites al control

La actitud estresada se origina a menudo por querer controlar cada aspecto de la vida. Se desea controlar no solo qué y cómo se hacen las cosas, sino también los resultados. Se piensa que todo depende de la fuerza de voluntad y el trabajo duro.

Pero, de hecho, uno puede también plantar la semilla, regarla y esperar lo mejor. Nadie tiene control de cómo se desarrollan los frutos del árbol ni sobre lo que pueda opinar la gente de ellos. Cuando alguien explora realmente los límites del control que tiene sobre los acontecimientos de su vida, descubre que solo posee control sobre lo que piensa y, hasta cierto punto, sobre lo que siente. Aunque pueda parecer poco, ambas cosas ya conllevan mucha responsabilidad.

9. Ama de manera existencial y expansiva

El amor romántico es una bendición cuando está presente, pero no es la única forma de amar. Hay muchos tipos de amor, como el amor al ser humano en general, a la naturaleza, a alguna filosofía inspiradora, hacia las personas que nos rodean e incluso hacia las dificultades, vistas como oportunidades para crecer y despertar.

También existe el amor hacia el propio cuerpo tal y como es –con sus limitaciones y sus contracciones– porque esta es su manera de manifestarse y no otra. Dado que todo está continuamente en un proceso de transformación, el cuerpo también se puede permitir disfrutar de su manifestación presente, porque sabemos que más tarde cambiará de forma y patrones de conducta.

Se puede elegir amar cada aspecto de la vida, aunque esta no parezca cumplir nuestras expectativas. Muchos creemos que no tenemos suficiente tiempo, dinero, éxito o amor, como si siempre nos faltara algo para estar completos. Puede ser útil considerar si nos falta realmente tanto o si quizá deseamos demasiado.

Una persona también se puede aceptar no desde el amor sino por compromiso, porque «es lo que hay». En ese caso puede quedarse con la inquietud de no poder cambiar la situación conflictiva por una cuestión de impotencia. La aceptación puede ser un aspecto del amor, pero uno también se puede aceptar sin amar.

El amor conlleva y está acompañado de entrega y entusiasmo profundos que proveen de gratitud y alegría. La práctica del amor es la práctica más potente y más transformadora que existe; es como una espiral que nunca termina de crecer y expandirse. Da sentido a la vida y la llena de alegría, o mejor dicho, de dicha.

10. Sigue evolucionando

El proceso de la relajación es una práctica continua para toda la vida, no un objetivo que se logra y cuyos resultados permanecen siempre. Reconocer que vivimos en una sociedad que favorece la actitud de vivir deprisa y con estrés es un primer paso.

Luego hay que pasar a seguir pautas de conducta diferentes, que expandan y flexibilicen la mente, para ayudarla a desidentificarse con lo que provoca una actitud de estrés. Eso permite disfrutar de la experiencia del presente con una actitud más sosegada.

Nuestra capacidad de elegir

Si estos pasos hacia la tranquilidad parecen difíciles, yo recordaría que vivir estresado es más difícil, e incluso peligroso, pues consolida la impaciencia, la inquietud, el nerviosismo o la insatisfacción crónica. La opción de cómo ver y vivir la vida, de cómo pensar y actuar, depende solo de cada persona y de sus decisiones diarias. Podemos elegir disfrutar y aprovechar ese poder magnifico, cultivando una actitud ante la vida que la llene de salud y dicha.